Ruleta rusa y otros cuentos

Anagrama. Barcelona (2007). 295 págs. 8,50 €.

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Reedición de unos de los mejores libros de relatos del escritor Pere Calders (1912-1994), el gran maestro de la narrativa corta en catalán. Ruleta rusa y otros cuentos es una selección realizada por el propio autor en 1984 de sus numerosos cuentos.

Pere Calders nació en Barcelona. Trabajó como periodista, dibujante, diseñador, fotógrafo… En 1936, publicó sus primeros relatos. Durante la guerra civil, combatió en el ejército republicano. Después pasó veinte años de exilio, la mayoría de ellos en México, donde siguió escribiendo y publicando en catalán. Regresó en 1962 y desde entonces su labor literaria fue muy bien acogida en Cataluña, aunque bastante poco conocida en el resto de España. Es autor de varias novelas, como Ronda naval sota la boira (1966), y de libros de artículos periodísticos, aunque en todo momento ha mostrado su predilección por el relato corto. En 1986 recibió el Premi d’Honor de les Letres Catalanes.

Ruleta rusa y otros cuentos es una excelente oportunidad de descubrir a uno de los más entretenidos autores de la segunda mitad del siglo XX. En estos relatos, Calders pone en práctica un sentido del humor que sorprende a los lectores por estar asentado en la realidad más inmediata. Como si tal cosa, sin transición, introduce el elemento insólito, que transforma la realidad de manera disparatada. Poco a poco, lo inmediato empieza a distorsionarse y Calders da forma a otra realidad, donde todo es posible. La introducción de la fantasía no provoca situaciones inverosímiles ni descabelladas.

En este libro hay numerosos relatos en los que se aprecia cómo Calders disfruta desarmando los mecanismos convencionales, las situaciones tópicas, las lógicas apariencias. Y lleva a cabo su propósito de desmontar la realidad no con personajes excepcionales sino con seres mediocres, rutinarios, indecisos, que aceptan, resignadamente, la irrupción del elemento incomprensible e ilógico. El resultado, sin ponerse trascendente, es el enfrentamiento del hombre con el absurdo.

Para conseguir con acierto esta integración de lo cotidiano y lo fantástico -lo suyo es un peculiar realismo mágico sin la irrupción de lo maravilloso- se necesita un estilo sereno, razonado, funcional. Y todo ello, con un sentido del humor tierno, irónico y muy poco habitual.

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