Ritmo lento

Destino. Barcelona (2007). 347 págs. 21 €.

En realidad la primera edición de Ritmo lento fue en 1963, en Seix y Barral; habiendo quedado finalista del Premio Biblioteca Breve el año anterior; “pasó absolutamente sin pena ni gloria”, escribe la autora. En 1969 la misma editorial la reeditó en formato de bolsillo, “que es la que se ha visto algo más”, y en la que suprime el epílogo -trece páginas-, “aconsejada por algunos amigos”. En 1975 la novela pasa a Ediciones Destino como primera edición; y ahora, en 2007, sigue en Destino como primera edición con este formato: es un formato cuartilla, letra grande, de tapa dura, con un forro que reproduce un precioso cuadro de Antonio López, y de su colección particular.

Parece que hay una decidida voluntad de sacar adelante esta novela. Y la larga y minuciosa introducción de José Carlos Mainer parece indicar que esa voluntad es también voluntad de hacer historia, situándola como un hito en la literatura española.

La novela Tiempo de silencio de Martín Santos -de 1963- fue puesta como hito de renovación novelística. El fin del realismo de postguerra y el comienzo de algo nuevo. Los cansinos y miméticos manuales escolares lo han ido repitiendo con pertinaz seguridad. Así, igualmente, parece ponerse -bien que con mucho más retraso en la estrategia- la novela Ritmo lento de Carmen Martín Gaite. José Carlos Mainer al fin de su trabajo cita, bajo el título “Bibligrafía escogida”, no menos de quince trabajos universitarios que se refieren directa o indirectamente a esta novela de Martín Gaite, también a la de Martín Santos. Antes hablé de estrategia. Aquí está. Se trata de potenciar la minucia de la llamada generación de los 50 dentro del ámbito universitario USA., como si tuvieran que habérselas con la grandiosa Crimen y Castigo o con algo así.

Ritmo lento lo es, digo que es un relato cansino y cansado. De poco vuelo. Una familia, que vive al margen de la realidad social que cambia, salvo una mujer en ella; salvo las diversas novias del joven protagonista asocial (o deprimido). Y el más deprimido y ególatra es el viejo protagonista. Ese epílogo que se quitó y se repuso en el libro es el enfrentamiento del joven fracasado y del viejo protagonista, su mentor y padre. Hay otros personajes cotidianos, y tan corrientes que vulgarizan todo aún más.

De poco vuelo dije, y lo es tanto en ideas como en hondura psicológica.

Y de poco vuelo también en su calidad literaria. Es un libro seco, como si fuera abstracto, apenas hay vida viva, no hay colores ni olores. Sin grandes realidades, ni humanas ni sobrenaturales. Es un libro sin amor, no hay amor dentro de él, ni la autora trata su Ritmo lento con amor.

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