Serguéi Dovlátov, Retiro

Retiro

TÍTULO ORIGINALZapovédnik

CIUDAD Y AÑO DE EDICIÓNLogroño (2017)

Nº PÁGINAS218 págs.

PRECIO PAPEL19,90 €

GÉNERO

La editorial Fulgencio Pimentel inicia con Retiro la publicación de las obras del escritor ruso Serguéi Dovlátov (1941-1990), quien decidió “sobrevivir –como escribe Lino González Veiguela en el ensayo biográfico que acompaña a esta edición– en los márgenes del sistema, evitando la confrontación directa con el régimen pero sin plegarse a sus imposiciones artísticas e ideológicas”.

A pesar de ser un escritor de reconocido prestigio a partir de 1965, no recibe la autorización para que se publique ninguna de sus obras, al no estar afiliado al Partido Comunista. De hecho, circulan clandestinamente en samizdat, también en el extranjero. En 1971, se traslada a Estonia para trabajar como periodista (este es el tema de su divertidísima novela El compromiso, “un alegato contra la estupidez”, en palabras de Pedro de Miguel). Allí está a punto de publicar algunos de sus relatos, pero el KGB se lo prohíbe. Cuando es despedido, regresa a Leningrado, donde trabaja unos meses como guía en el museo Pushkin, argumento de esta novela, Retiro.

En 1977 es detenido por el KGB. Gracias a una campaña de apoyo en Occidente, pudo abandonar la URSS a finales de 1978 y trasladarse a Nueva York, donde murió en 1990. Tampoco en Estados Unidos consiguió dominar su autodestructiva relación con el alcohol.

Su obra entronca con la larga tradición de escritores satíricos rusos: Nikolái Gógol, Iván Goncharov, Ilf y Petrov, Mijaíl Zóschenko, Isaak Bábel, Mijaíl Bulgákov… Dovlátov optó por la ironía y el sarcasmo para enfrentarse con la gris realidad impuesta por el comunismo. El protagonista de Retiro, Borís Alijánov, alter ego del autor, cuenta las peripecias vitales para encontrar trabajo como guía del Museo Pushkin y vivir en una zona muy apartada, donde esperaba ahorrar algo de dinero y, a la vez, evitar su entrega obsesiva al alcohol. El relato de sus días en este apacible museo se interrumpe con la llegada de su mujer, que le cuenta que ha decidido emigrar a Estados Unidos.

La peripecia narrativa es mínima, pero suficiente para que se desplieguen las habilidades de Dovlátov. Lo mejor es el estilo, diáfano y familiar, totalmente despojado de la habitual retórica comunista. También hay que destacar su sentido del humor para retratar a personajes en los que son bien visibles las huellas del comunismo más rancio. Para Dovlátov, “el horror del estalinismo no es tanto que millones de personas fueran asesinadas. El horror del estalinismo consiste sobre todo en que una nación entera fuera corrompida moralmente”.

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