Recuerdos de Tolstói, Chéjov y Andréiev

Nortesur. Barcelona (2009). 240 págs. 18 €. Traducción: Yulia Dobrovolskaia y José María Muñoz.

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Alexéi Maxímovich Péshkov, más conocido por su seudónimo, Maxim Gorki (1868-1936), está considerado el precursor del “realismo socialista”. Y aunque tuvo algunas puntuales diferencias con la dictadura comunista a partir de 1920, fue el escritor más representativo y con más poder en los primeros años de la revolución rusa. Estos retratos de Tolstói, Chéjov y Andréiev, escritos en diferentes momentos de su vida, se enmarcan dentro de un proyecto literario más amplio, que planeó en 1916 e interrumpió con la revolución, de escribir para el gran público las vidas de personas ilustres de diferentes campos de la cultura y la ciencia.

Gorki tuvo bastante trato con Tolstói, como se puede apreciar en las páginas que le dedica, salpicadas de anécdotas personales, característica común a los tres retratos reunidos en este volumen. Gorki era plenamente consciente, desde que conoció a Tolstói, de que se encontraba ante un gran escritor con algunas ideas sociales y políticas que no compartía. De ahí que, por un lado, alabe el sentido crítico y la altura literaria del autor de Guerra y paz; y por otro, considere que la ideología de Tolstói no era positiva para solucionar los problemas de su país.

En el caso de Chéjov hay mucha más sintonía. Gorki caló desde el primer momento en la categoría humana y literaria de Chéjov, escritor al que admiraba por encima de todos y con el que tuvo una entrañable amistad, como se desprende de la lectura de estas páginas, muy ilustrativas de la manera de ser de Chéjov.

Más intimidad tuvo todavía con Andréiev, su gran amigo durante unos cuantos años. Sin embargo, la evolución política de los dos autores acabó por enfrentarlos. El retrato de Andréiev habla de estas diferencias, pero, sobre todo, alaba sus ideales humanos y la calidad de una literatura que transita por temas y ambientes gratos también para Gorki.

Destaca en estos tres retratos la imparcialidad de Gorki. No le interesa destacar sus ideas personales sobre la literatura de estos escritores o sobre la vida en general. El peso lo tienen los biografiados, a quienes retrata desde una perspectiva cordial, humana, directa. Gorki fue un testigo privilegiado de la literatura de su tiempo y estos testimonios explican también el ambiente literario que se respiraba en Rusia a principios del siglo XX.

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