Quien parpadea teme a la muerte

Minúscula. Barcelona (2008). 208 págs. 15 . Traducción: Sofía Pascual Pape.

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Esta pequeña novela autobiográfica generó una polémica nacional a cuenta de la reciente historia de Dinamarca y la dudosa hospitalidad con que el país nórdico recibió a los emigrados alemanes que huían del régimen nazi o sobrevivieron a la Segunda Guerra Mundial. Su autor, nacido de padre danés y madre alemana, se crió en los años sesenta en la minúscula ciudad danesa de Nykøbing Falster.

Conocido por su labor ensayística y sus trabajos en el campo de la publicidad y el guión cinematográfico, Romer cuenta en este libro la historia desventurada de la saga familiar: tres generaciones marcadas sucesivamente por las dos guerras mundiales y finalmente por la incomprensión y la suspicacia dolorosa de los provincianos daneses, que convierten a la madre de Knud y a él mismo en el blanco de sus prejuicios antialemanes y de acusaciones infundadas de filonazismo. Lo cierto, en cambio, es que la madre de Romer -personaje central del relato- fue una heroína de la resistencia, que logró huir de Alemania y rehacer su vida con el padre del narrador en Dinamarca. Romer profesa a su madre un profundo amor filial, sentimiento que funciona como nexo entre las tres materias narrativas de la novela: las crueles vicisitudes históricas que atraviesa la familia, los enredos y retratos de sus diversos miembros, y el memorialismo íntimo y cotidiano de un niño de origen emigrante que se asfixia en aquella ciudad danesa.

El punto de vista y el tono recuerdan bastante al Saroyan de La comedia humana por la mirada inocente y la sencillez del estilo, aunque esta novela carece de la visión esperanzada que caracteriza al novelista norteamericano. Tampoco hay aquí ajustes de cuentas: el innegable propósito testimonial de la novela se articula con simple y pura narración: acumulación de detalles y de relatos dentro del relato.

La estructura cronológica lineal propia de la autobiografía novelada es interrumpida por constantes flash-backs que amplían información sobre una determinada historia, construyendo así un texto lleno de ramificaciones y retornos. Destaca el recurso al ritmo apresurado de la narración, como de una crónica periodística, lo que confiere a la lectura una agilidad desenfadada muy necesaria, ya que el principal peligro que amenaza al libro es su nimiedad, un intimismo quizá excesivo que puede aburrir al lector. Romer trata de paliarlo con su prosa funcional y rápida, de una naturalidad muy trabajada que se beneficia de continuos toques líricos y notas de humor delicado. El resultado, sin ser una obra maestra, es de un indudable mérito.