¡Pues vaya! Lo mejor de Wodehouse

Anagrama. Barcelona (2004). 768 págs. 24 €. Traducción: Javier Calzada.

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En la literatura humorística contemporánea se ha impuesto un sentido del humor basado en la catástrofe y en la sátira grotesca, como sucede en las novelas de Tom Sharpe, construidas con forzados equívocos a veces de mal gusto. Otros escritores se sirven del humor para realizar una corrosiva crítica a la sociedad contemporánea, como hacen Michel Houellebcq, Iegor Gran (su última novela publicada en castellano es ¡ONG!, Lengua de Trapo) y los rusos Viktor Pelevin (autor de Homo zapiens, ver servicio 54/03) y Wladimir Kaminer (Música militar, ver servicio 58/04).

Más interesante es el humor del polaco Slawomir Mrozek, especialista en encerrar en historias cortas jugosas denuncias de las sociedades totalitarias, como hace en el que se considera su mejor libro, La vida difícil (ver servicio 99/95), con el recurso a la lógica del absurdo Esta técnica fue también la que utilizó Miguel Mihura en sus comedias y relatos cómicos con el fin de ridiculizar los lugares comunes. Sobre él acaba de aparecer Mihura. Humor y melancolía (Algaba Ediciones), una biografía a cargo de uno de sus máximos especialistas, Julián Moreiro. También merece destacarse la reedición de las novelas populares del italiano Giovanni Guareschi, con sus entrañables personajes don Camilo y el alcalde Peppone (ver servicio 68/04).

Poco tienen que ver, sin embargo, estos diferentes sentidos del humor con el de P.G. Wodehouse (1881-1975), escritor inglés del que Anagrama presenta una voluminosa antología con lo mejor de toda su literatura. Pelham Grenville Wodehouse es autor de 98 libros, 40 musicales de Brodway, letras de canciones, adaptaciones, guiones cinematográficos en Hollywood, etc. Nació en Surrey, Inglaterra, en el seno de una familia acostumbrada a tratar con aristócratas, ese tipo de personajes que después tanto parodiará en su literatura. El inicio de la Segunda Guerra Mundial le sorprendió en Francia; poco tiempo después fue detenido durante un año por los nazis. Una intervención suya en una radio alemana fue interpretaba como colaboracionista con el régimen de Hitler, lo que le granjeó después de su liberación numerosos ataques y reproches que le forzaron a abandonar su país para residir desde entonces en Estados Unidos. Allí siguió publicando sus novelas e inició una prolífica colaboración con Hollywood. Poco antes de su muerte, en el mismo año 1975, fue nombrado caballero por la reina Isabel II.

El mundo literario de Wodehouse es básicamente amable. Sus detractores le critícan de blando e insulso, pero es que su sentido del humor está concebido como un bálsamo, no como una gruesa crítica. Lo suyo es el arte del equívoco, del despropósito. Curiosamente, estas características han evitado que Wodehouse sea un escritor de temporada, aunque el mundo que retrata haya desaparecido. Sus personajes más conocidos son el inútil Bertie Wooster y su eficiente criado Jeeves. Cualquier empresa en la que Wooster se vea involucrado acabará en un complicado embrollo, que Jeeves tendrá que resolver con su habitual flema inglesa. Otros personajes habituales de sus novelas son Psmith, Ukridge, los habitantes del Castillo de Blandings y los miembros del Club de Zánganos. De todos ellos hay suficientes muestras de ingenio en esta antología que contiene, además, artículos, cartas y poemas.

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