Príncipes y humanistas. Nebrija, Erasmo, Maquiavelo, Moro, Vives

Marcial Pons. Madrid (2008) 343 págs. 22 €.

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Antonio Fontán es un reputado catedrático de Latín, escritor y periodista que bien puede reencarnar en la actualidad una réplica de un humanismo renovado. Tras señalar la metodología del volumen, dedica los capítulos iniciales de su libro a describir la riqueza cultural y las connotaciones generales de los humanistas del viejo continente en la época del Renacimiento. Son artículos más o menos recientes de alta divulgación, en los que, para facilitar la lectura, prescinde del aparato crítico propio de un trabajo científico, no sin justificar sus fuentes y el estado de la cuestión.

Arrancando de Petrarca, el humanismo italiano se difundió por toda Europa a partir del siglo XV. Tres son las características del fecundo movimiento cultural propiciado por el inicio de la imprenta : la restauración de la lengua latina como vehículo de comunicación internacional, la recuperación de los clásicos grecorromanos y la difusión de las ideas humanistas entre príncipes y mecenas.

“Igual que las palabras y las lenguas sirven a la sociedad de hoy y consolidan la vida común, la escritura une a los antepasados con las generaciones futuras y hace una sola las diversas edades. Los escritores hablan con los que aún no han nacido, y éstos con los escritores que ya han dejado de vivir”. Con estas palabras de Vives, al que define Fontán como intelectual todoterreno, se aproxima el autor a esa edad de oro del humanismo que late en las páginas de su libro. No obstante, en ellas trata más ampliamente de los intelectuales que de los príncipes seculares y eclesiásticos que apoyaron este movimiento cultural.

La relación intelectual que unió a Erasmo de Rotterdam, Tomás Moro y Juan Luis Vives es quizá lo mejor del volumen. Allí se borran las fronteras físicas y se percibe cierta nostalgia del autor hacia esa época en la que el latín era una suerte de lingua franca, vehículo europeo de comunicación. Por entonces, también se difundió la convicción de que “los saberes han de ejercitarse para el bien público” en la estrecha relación entre príncipes y humanistas.

El libro será de interés para historiadores, filólogos y todo aquel que aprecie el Renacimiento como resurgir de las letras y humanidades y eche de menos la época en la que escritores y mecenas daban vida a los circuitos culturales de Europa.

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