Postguerra: una historia de Europa desde 1945

TÍTULO ORIGINALPostwar. A History of Europe since 1945

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Taurus. Madrid (2006). 920 págs. 28,50 €. Traducción: Jesús Cuéllar, Victoria Gordo del Rey.

Este libro del historiador británico Tony Judt, profesor de la Universidad de Nueva York, está llamado a ser obra de obligada consulta para documentarse sobre la historia de Europa entre 1945 y 2005. De hecho, su autor tuvo la idea de escribirlo poco después de la caída de los regímenes comunistas, a modo de balance final de una época que arranca de las ruinas de un continente devastado por la guerra. Sin embargo, la obra concluye ahora con la masiva ampliación de la UE que nos demuestra cuánto han cambiado las cosas en sesenta años.

Una de las características de este libro enciclopédico es su amenidad, al no utilizar únicamente referencias historiográficas: la literatura, el cine, la música popular, la evolución de las costumbres o las vivencias personales del autor son cauces que llevan al lector a situarse con mayor precisión en las épocas descritas y dan al conjunto un trazo ágil e incluso apasionante. Con todo, algunos temas tratados reflejan un conocimiento directo de Judt, mientras que otros como la situación en los países mediterráneos o en la Iglesia católica parecen responder a referencias de segunda mano.

Pese a todo, los capítulos más logrados son los iniciales: constituyen un impresionante cuadro de los efectos de la guerra, en particular los sociales y económicos, y en donde podemos palpar la angustia e incertidumbre de los seres humanos. Judt nos expone cómo de las ruinas europeas emerge el Estado del Bienestar, paralelo al Plan Marshall y a la creación de las Comunidades Europeas. Todo un contraste con la situación en la Europa comunista, presentada como una era de oscuridad para unos pueblos a los que se intentó arrebatar su condición de europeos.

Mas el balance final de seis décadas de historia se puede concretar en un progresivo acercamiento o “unificación” entre las diferentes sociedades, por encima de los proyectos europeístas políticos o económicos. Lo vemos en el capítulo final donde se refleja cómo las mentalidades y gustos de los europeos tienden a armonizarse de oeste a este. Podría sacarse la conclusión de que la sociedad europea parece empeñada en dejar atrás su historia, sin que esto sea obstáculo para que en algunos países se quieran revisar hechos trágicos del pasado reciente. Pero es fácil prever que esto no tendrá grandes repercusiones en muchos europeos cómodamente instalados en la posthistoria.

Antonio R. Rubio

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