Persecución mortal

Alianza. Madrid (2008). 336 págs. 18,50 €. Traducción: Catalina Martínez Muñoz.

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Novelista dilecto de los Cohen o Tarantino -han inspirado en sus tramas varias películas-, el norteamericano Elmore Leonard (Nueva Orleans, 1925) aporta a los primeros la descripción de ambientes marginales y caracteres excéntricos, y al segundo el uso de la violencia como motor de la acción narrativa. Con más de cuarenta títulos publicados y un oficio indudable, Leonard ha conquistado un lugar de honor entre la moderna novela negra americana. Si disculpamos la nefasta -por manida y mediocre- elección del título castellano, Persecución mortal es una buena novela, de una composición impecable en trama y personajes, bastante mejor de lo que el título hacía presagiar.

El matrimonio Colson -Wayne y Carmen- presencia involuntariamente una extorsión llevada a cabo por una pareja de sicarios, que además son puestos en fuga (paliza mediante) por Wayne, un soldador de pocas palabras, corazón recto y el cuerpo más curtido que el empeine de sus botas camperas. Los sicarios, a quienes Wayne ha visto la cara y podría reconocer ante la policía, no están dispuestos tampoco a dejar pasar la humillación de la paliza, y la novela es la historia de ese acoso y persecución a los Colson, ayudados (a veces “demasiado”) por los agentes federales. Tan sencilla premisa argumentativa sirve a Leonard para ir desarrollando psicológicamente a sus criaturas, hasta que alcanzan una consistencia propia y llena de viveza.

Wayne es un héroe americano de clase media-baja que sólo quiere hacer bien su trabajo y defenderá la paz de su hogar sin contemplaciones; su mujer es una fiel compañera de fatigas; Richie Nix, un inestable macarra que recuerda bastante al Perry Smith de A sangre fría; Armand Degas, canadiense de raza india, el otro asesino a sueldo, resulta tan resolutivo con una pistola como cándido en la exposición de sus creencias chamánicas. El estilo de Leonard, salvo algún diálogo delirante de los que gustan tanto a Tarantino, exhibe precisión e inmediatez puestas al servicio de la historia. Se trata de una novela sin otra pretensión que entretener al lector con una buena trama y unos personajes enérgicos, demostrando despreocupadamente la vigencia de las convenciones narrativas clásicas.