Perfil asesino

TÍTULO ORIGINALThe Killing Kina

GÉNERO

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Tusquets. Barcelona (2005). 367 págs. 20 €. Traducción: Carlos Milla Soler.

Charlie Parker dejó la policía tras la escalofriante experiencia que conocimos en “Todo lo que muere” (ver Aceprensa 83/04). Como investigador privado, continuó su cruzada contra el mal en la segunda novela de Connolly, “El poder de las tinieblas”, de trama más compleja. El personaje sigue creciendo y configurándose en esta tercera entrega, donde vuelve a cruzarse con psicópatas asesinos.

Parker tiene bastante del perfil clásico de investigador de crímenes: atrevido, inteligente, frío, irónico, duro, independiente y con pocos escrúpulos; en tensión continua con sus jefes, que no aprueban sus métodos pero que no quieren prescindir de su brillantez e instinto; coqueteo con la bebida, dificultad de mantener relaciones sentimentales estables, frustración por el roce con las cloacas de la sociedad, etc. Hasta aquí poco nuevo.

Lo interesante es que Parker es más complejo que todo eso: primero, no entiende que llegue tan lejos la capacidad del hombre para el mal; después, las cosas no terminan para él con la eliminación del correspondiente “ángel de las tinieblas”, pues sigue de algún modo en contacto con las víctimas y no termina de saber qué quieren de él. Los muertos no acaban de irse y, de momento, tiende a responder con violencia a la violencia, aunque -como se aprecia en la evolución que experimenta a lo largo de las tres novelas- la venganza le va destruyendo y separando de los que quiere. En el caso de Conolly, la acción emerge entre consideraciones sociológico-metafísicas y esto dota de alguna aspiración más al tipo de novela negra que hace, donde el misterio proviene de la intriga pero también de la presencia de unas fuerzas que no son de este mundo.

Este irlandés pasa buena parte del año en Estados Unidos y allí sitúa sus novelas. Trabaja con profundidad la documentación y son abundantes los detalles históricos, geográficos y científicos. No digamos los policiales (tácticas, armas, estrategias, etc.). Sus asesinos son sencillamente escalofriantes y el relato de sus actividades resulta espeluznante pero no morboso.

Todo está dotado de un realismo y de una falta de exageración que hace contener el aliento en determinados pasajes: consigue que olvides que estás en una ficción. El pavor no proviene de los estallidos sangrientos (abundantes), sino de la impavidez para el mal.

En esta ocasión, se descubre una fosa común con los restos de los Baptistas de Aroostook, secta desaparecida treinta años atrás. Parker es contratado para investigar el supuesto suicidio de una joven que investigaba a ese grupo religioso.

Javier Cercas Rueda

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