Peñagrande

Miguel Martín

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Palabra. Madrid (2000). 279 págs. 1.600 ptas.

La primera edición de este libro es de 1982; además, se publicó una versión para gente más joven, en 1985, con el título de Grandullón. Su autor, nacido en Valladolid en 1927, ocupa un lugar destacado en la literatura juvenil. Hay que alegrarse de la reedición de esta novela, probablemente la mejor de Miguel Martín.

La historia trata de la relación amistosa entre Vitines, un cazador furtivo, en los límites anfractuosos de Palencia con Cantabria, y de Grandullón, un oso pardo. En un segundo plano, una serie de personajes, habitantes de la zona, amigos unos de Vitines y otros que tratan de hacerle la vida imposible; y los intentos de atraparlo por parte de la Guardia Civil y la guardia forestal.

En una narración en primera persona, Vitines describe minuciosamente todos los pormenores de cómo se estableció entre Grandullón y él una corriente de amistad que se vio tristemente truncada. En alguna ocasión, intervienen otros paisanos de Vitines para contar algún asunto de los que han sido protagonistas.

Muchos aciertos tiene esta entretenida y apasionante novela, que mantiene el interés en todo momento. Por un lado, Miguel Martín, al igual que sucede en las novelas de Delibes, realiza una defensa de la naturaleza y de la vida del campo, en contraposición a la vida en la ciudad. En este sentido, la novela está repleta de vocablos muy propios de la vida de los pueblos, que pueden desconcertar a un lector inexperto, aunque proporcionan una riqueza de vocabulario que enriquece la novela. Por otro, Miguel Martín ha creado un excelente personaje, Vitines, resumen y síntesis de una España que, como los osos, se encuentra en peligro de extinción. Además, la historia que se narra contiene suficientes dosis de calidad como para provocar empatía y emoción en los lectores.

Peñagrande es una novela de aventuras, escrita con gran realismo y con un trasfondo de amor a la naturaleza, en la que se muestran, además, la generosidad, el egoísmo y la envidia, las rencillas de las gentes de los pueblos serranos. A lo largo de la novela no faltan frecuentes toques de humor.

Luis Ramoneda

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