Para mayores de cuarenta

TÍTULO ORIGINALNot Under Forty

GÉNERO

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Alba. Barcelona (2002). 147 págs. 11,50 €. Traducción: Alejandro Palomas.

Willa Cather (ver servicio 146/01) es ahora suficientemente conocida por el lector de habla hispana, pues en estos últimos años se han traducido muchos de sus libros, con apreciable fortuna. Este fue publicado por primera vez en 1936, en Nueva York.

La autora, en una nota preliminar, explica el sentido del título de su pequeño libro: “Hacia 1922 el mundo se partió en dos, y las personas y los prejuicios que aparecen en los breves bocetos de este libro se pierden en los siete mil años del ayer”; por eso afirma que “gratificará a los más rezagados”, los mayores de cuarenta, y “tendrá poco interés para los menores de cuarenta años”. Willa Cather se equivocó al decir eso. Han pasado sesenta y seis años desde la primera edición y los que saben apreciar la calidad, o la cantidad de belleza que encierra, verán que no hay edad para el lector, pues el libro no la tiene. Willa Cather tendría unos sesenta años cuando lo publicó, edad suficiente para mirar con madurez, serenidad, ternura y comprensión hechos del tiempo pasado, y hacerlos perennes; con mirada de eternidad -como repitió Isak Dinesen-, y hacerlos clásicos, al describirlos.

Los bocetos que componen el libro, como ella dice, son también estampas y recuerdos de personas, situaciones y libros de otros: 1) Un breve encuentro y casual, en Europa, con la señora de Franklin Grout, sobrina de G. Flaubert, muy amada por él. 2) Sus juicios sobre la novela démeublée (desamueblada): el poder de observación de todas las cosas, y el arte de elegir sólo unas y describirlas. 3) El 148 de Charles Street es la casa particular, en Boston, donde se habían reunido en tertulia, durante más de medio siglo, grandes hombres de letras, “desde Dickens a Thackeray, pasando por Hardy y Meredith hasta el estallido de la Gran Guerra”: una presentación viva de un pasado. 4) La señorita Jewett, “una escritora norteamericana de primer orden”. 5) José y sus hermanos, de Thomas Mann, y el Antiguo Testamento. 6) Katherine Mansfield. Estos seis bocetos son más que historia, más que creación inteligente; estos bocetos tienen ese elemento único y esencial del buen escribir: “la belleza individual e inherente” a cada cosa.

Pedro Antonio Urbina

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