Palomar

Italo Calvino

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Siruela. Madrid (2001). 110 págs. 10,82 €. Traducción: Aurora Bernárdez.

El personaje “Señor Palomar” es un observador atento de realidades mínimas y cotidianas que le empujan a sumirse en inmediatas reflexiones cosmológicas (pues no en vano debe su nombre al famoso telescopio californiano). El señor Palomar contempla el galope de unas jirafas, o el reflejo del sol sobre el mar o un escaparate parisino de gollerías y acto seguido considera algún aspecto de la relación entre el hombre (el yo) y el mundo. Como hijo intelectual de la ilustración alemana, que desea además asimilar alguna noción de Zen, el señor Palomar aspira a la armonía entre esos dos polos (el yo y el mundo); pero cada vez que observa atenta, perseverante, científicamente, algún aspecto mínimo del mundo se encuentra con que se interpone su yo. Como el “yo” del señor Palomar es un yo complejo, difuso y confuso, acaba sumergiéndose en la perplejidad. Al final de cada capítulo “la mirada del señor Palomar se mantiene vigilante, disponible, desprendida de toda certeza”.

Italo Calvino resumió este libro como las observaciones de un personaje que buscaba la sabiduría y que no la había encontrado; también confesaba haber roto muchos de los textos que iban a componer Palomar porque pensaba que podría arrepentirse de ellos más adelante. No cabe duda de que cuando propone para su personaje una sabiduría que es ausencia de certeza, pensamiento débil avant la lettre, es porque tiene la certeza de no tener que arrepentirse de haberla escrito.

El conjunto de prosas que componen Palomar es al mismo tiempo un esfuerzo por recuperar una tipología textual que, según el autor, estaba desapareciendo de la narrativa italiana entre 1975 y 1983: la descripción. Una descripción que no sigue las pautas del nouveau roman francés de los 60 (la escuela de la mirada: Natalie Sarraute, Claude Simon, Alain Robbe-Grillet, etc.), sino que pretende mezclarse con el ensayo. Además, como algunos textos de Palomar fueron colaboraciones en Il Corriere della Sera o La Repubblica, conservan también la extensión y la estructura de una colaboración periodística.

Rafael Díaz Riera

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