Obras selectas

Enrique Jardiel Poncela

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Espasa Calpe. Madrid (2001). 760 págs. 27,05 €.

Para celebrar el primer centenario del nacimiento de Enrique Jardiel Poncela (1901-1952), la editorial Espasa Calpe ha reunido en un solo volumen de la colección Austral Summa seis de sus comedias más celebradas: Eloísa está debajo de un almendro, Las cinco advertencias de Satanás, Angelina o el honor de un brigadier, Un marido de ida y vuelta, Cuatro corazones con freno y marcha atrás y Los ladrones somos gente honrada.

“Cuando yo empecé -escribió Jardiel Poncela-, el teatro cómico consistía en hacer chistes con los apellidos, y aquello se moría. Yo decidí cambiar por completo la línea mediante la posible novedad de los temas, peculiaridad en el diálogo, supresión de antecedentes, posible novedad en las situaciones, novedad en los enfoques y desarrollos”. Su peculiar manera de abordar el humor, en el que hay elementos del teatro del absurdo y del teatro vanguardista, convierte a Enrique Jardiel Poncela, junto a Miguel Mihura, en una de los máximos exponentes del teatro de humor español.

Su primer estreno teatral serio es en 1927, con Una noche de primavera sin sueño, donde empieza a llevar a la práctica su teorías teatrales, claramente contrarias a la corriente realista y que buscaban nuevas formas para aplicar lo inverosímil y la desproporción como notas características. A partir de 1930 los estrenos se suceden: Usted tiene ojos de mujer fatal (1933), Las cinco advertencias de Satanás (1933), Angelina o el honor de un brigadier (1934), Cuatro corazones con freno y marcha atrás (1936). Jardiel consigue en estas obras una madurez interna y una solidez teatral que difícilmente superará después de la guerra, aunque en su caso, a diferencia de la obra de otros autores, la guerra fue sólo un paréntesis.

En 1939 estrena Un marido de ida y vuelta; Eloísa está debajo de un almendro en 1940; Los ladrones somos gente honrada en 1941 y Los habitantes de la casa deshabitada en 1942. Su última obra se estrenó en 1949. Jardiel Poncela murió en 1952 rodeado de una manifiesta incomprensión hacia su teatro, lo que provocó en él una enfermiza agresividad en la defensa de sus obras.

La pretensión más importante de Jardiel fue la de “renovar la risa”, apartándose de las convicciones vigentes, aunque nunca dejó de lado la vertiente comercial. “Sólo lo inverosímil me atrae y me subyuga; de tal suerte que lo que hay de verosímil en mis obras lo he construido siempre como concesión y contrapeso, y con repugnancia”. Lo inverosímil, un trasunto de lo absurdo pero sin tantas repercusiones filosóficas, es una manera de llevar la contraria a los mecanismos lógicos. Las piezas de Jardiel, en conjunto, sobresalen por los desmedidos recursos de exuberancia, confusión, acumulación de acciones y situaciones inexplicables. También hay que destacar su facilidad para crear personajes inolvidables. Su técnica imita las situaciones de suspense y de intriga que utilizan las novelas policíacas, para luego desentrañar todos los misterios en un desenlace sorprendente.

Adolfo Torrecilla

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