Novelas: Sangre sabia / Los violentos lo arrebatan

Lumen.
Barcelona (2011).
432 págs.
22,90 €.
Traducción: Celia Filipetto.

TÍTULO ORIGINALWise Blood / The Violent Bear It Away

GÉNERO

Reúne este volumen las dos únicas novelas que publicó la escritora norteamericana Flannery O’Connor (1925-1964; ver Aceprensa 4-07-2001), quizás más conocida por sus relatos y por su magnífico epistolario, El hábito de ser (Aceprensa, 29-12- 2004). Este contiene más claves para entender su vida y su literatura que la biografía escrita por Brad Gooch, recientemente traducida al castellano y publicada en Circe, en la que se pasa de puntillas por aspectos claves como la influencia del catolicismo en sus obras.

Sangre sabia, la primera de las novelas, se publicó en 1952, cuando la autora ya era conocida por la calidad de algunos de sus relatos aparecidos en revistas. La segunda novela de este volumen, Los violentos lo arrebatan, es de 1960. Las dos revelan a una autora profunda, nada complaciente con la condición humana, que sitúa sus incómodas narraciones en el profundo sur, donde se vivía en aquellos años un primitivismo religioso, ligado al protestantismo, encarnado en personajes grotescos, obsesionados de manera delirante con el perdón y la redención, pero, precisamente por eso, dotados de una grandeza trágica.

En Sangre sabia, el protagonista es el joven Hazel Motes. Después de regresar del ejército, con una dura experiencia a sus espaldas, abandona la casa familiar y se traslada a la ciudad para proclamar, como un moderno profeta, su fe en la Iglesia sin Cristo, desenmascarando en sus apocalípticos discursos la inutilidad de la religiosidad tradicional. Hazel lleva en la ciudad una vida solitaria; tiene reacciones cercanas a la locura y se relaciona con otros personajes que transmiten también una imagen violenta, grotesca y desengañada del ser humano.

Los violentos lo arrebatan cuenta la vida del joven Tarwater, huérfano y criado en una granja por su anciano tío, que acaba de fallecer. Solo en el mundo, Tarwater ha sido educado en una religiosidad alucinatoria. La novela describe su traslado a la ciudad para reencontrarse con un familiar, maestro de profesión. También en esta novela O’Connor presenta unas vidas que desbordan los encasillamientos intelectuales al uso y, al tratar con respeto a personajes patéticos, le hace preguntarse al lector si sabe qué y a quién está juzgando y por qué motivos.

Conviene advertir que las novelas de O’Connor, emparentadas y significativamente diferentes con la literatura de otros escritores sureños, como William Faulkner, Carson McCullers, Eudora Welty, no están hechas para todos los paladares y pueden causar extrañeza. Ella misma decía que un “novelista con inquietudes cristianas encuentra en la vida contemporánea distorsiones que le repugnan, y su tarea consiste en mostrarlas como distorsiones a un público que está acostumbrado a verlas como algo natural”. Del mismo modo que a “a los duros de oído se les grita, y a quienes están casi ciegos se les dibujan figuras grandes y llamativas”, el uso de la violencia en sus relatos, decía, tiene “la extraña capacidad de devolver a mis personajes a la realidad, y de prepararlos para aceptar su momento de gracia. Tienen la cabeza tan dura que esto es casi lo único que funciona”. E igual con algunos lectores, se podría decir.

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