Novela familiar

Anagrama. Barcelona (2008). 456 págs. 21 €. Traducción: Aleix Montoto.

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John Lanchester (Hamburgo, 1962) forma parte de una exitosa nueva generación de escritores ingleses que reúne nombres tan destacados como William Boyd, Zadie Smith o el más reciente David Mitchell. A Lanchester, la fama le llegó en España con una interesante novela titulada El Puerto de los Aromas (ver Aceprensa 138/05), en la que su autor narraba los últimos cien años de historia de la ex-colonia británica de Hong Kong. Sus dos anteriores novelas, En deuda con el placer (ver Aceprensa 74/97) y El señor Phillips, sin embargo, a pesar de recibir el favor de la crítica, pasaron prácticamente desapercibidas entre el público español. Ahora, la editorial Anagrama publica su último libro, Novela familiar: unas peculiares memorias en las que Lanchester nos cuenta la vida de sus padres, Bill y Julia.

Posiblemente, más que unas memorias, Novela familiar sea una quest, es decir: una indagación casi detectivesca sobre la vida de unos personajes -en este caso sus padres-, empleando técnicas y recursos propios de la ficción narrativa y donde tan importante como los personajes biografiados es la narración de esta búsqueda. De hecho, detrás de la vida de Bill y de Julia se ocultan una serie de secretos, a menudo cruzados, que el hijo sólo empieza a descubrir tras la muerte de su madre. Algunos de estos secretos son tan importantes que, sin ellos, sus padres no se habrían casado y el escritor probablemente nunca hubiera nacido.

La sensación final que deja el libro es agridulce. Lanchester, por un lado, es incapaz de entender o incluso de mirar con cierta simpatía al catolicismo. En un momento dado, por ejemplo, llega a comparar la Irlanda natal de su madre en los años treinta con el Afganistán sometido a los talibanes. Por otro lado, el autor intenta encontrar una justificación por el amor que siente por Julia; quizá porque la pregunta última de Novela familiar sea la siguiente: ¿Se puede amar a alguien que nos ha mentido tanto? La respuesta que ofrece el escritor decepciona al resultar deudora en exceso de la jerga más banal de la literatura de autoayuda.

Con estas reservas, el libro es interesante y se lee con cierto agrado. Lanchester es un magnífico narrador que funciona mejor describiendo a los personajes que meditando sobre ellos. Y hay que reconocer que la infancia del autor, a medio camino entre Calcuta, Hong Kong e Indonesia, fue fascinante.