Notas y dietarios

Backlist. Barcelona (2008) 1.438 págs. 45 €. Traducción. Dionisio Ridruejo y Gloria Ros (El cuaderno gris) y Xavier Pericay.

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Josep Pla (1897-1981) es uno de los escritores clave de la literatura del siglo XX. Y de manera muy especial de la literatura memorialística, donde es todo un maestro. El cuaderno gris es una obra capital para entender la evolución de este género tanto en la literatura catalana como española, aunque no puede reducirse el alcance y la calidad de este autor sólo a esta obra. Recientemente, se han editado unos cuantos libros que demuestran que el interés que despierta su obra entre los lectores contemporáneos sigue muy vivo: ahí están Vida de Manolo (Libros del Asteroide), los artículos que forman parte de La Segunda República. Una crónica, 1931-1936 (Destino), la antología titulada Sentencias e impresiones (Edhasa) y la singular biografía escrita por Arcadi Espada Josep Pla (Omega), donde reproduce pasajes de Notes per a un diari, todavía inédito en castellano. Su monumental obra periodística y literaria la componen cerca de 50 volúmenes. Además, hay que sumar el reciente estudio de Xaver Pericay, Pla y el viejo periodismo (Destino), sobre sus inicios periodísticos.

Los diarios siguen siendo lo más valorado de la obra de Pla. En ellos aborda todo tipo de temas con su personal maestría estilística y presenta también, aunque de manera comedida, su faceta más íntima y personal, aunque a veces la autobiografía cede el paso a la autoficción (Pla no suele ser muy riguroso cuando habla de sí mismo). Hace años, en la editorial Espasa, se publicaron en dos volúmenes lo más significativo de su obra memorialística; ahora, en un solo volumen, se publica Notas y dietarios, edición que incorpora un prólogo de Carles Casajuana que explica los principales rasgos de la vida y la literatura de Pla y donde analiza también aspectos más controvertidos como sus ideas políticas, el trasfondo existencial de toda su literatura y la recepción de sus obras por parte del nacionalismo catalán oficial y una buena parte de los intelectuales de la transición.

Notas y dietarios se abre con su mejor libro, El cuaderno gris. Desde su publicación en castellano en 1975, el prestigio de esta obra no ha cesado de crecer. Pla comenzó a escribirlo en 1918, el día que cumplía 21 años, y lo finalizó en septiembre de 1919, poco antes de machar como corresponsal de prensa a París. Sin embargo, hasta su publicación en catalán en 1966, el libro fue reelaborado completamente. Esto se aprecia especialmente en la madurez de su estilo y de sus opiniones. Pla escribe en él que “este cuaderno obedece a la necesidad de tomar posición ante mi tiempo”. Y así sucede. Por sus páginas desfila, sin retórica, su vida, sus lecturas, el paisaje del Ampurdán, sus amigos y familiares, los vecinos de Palagrufell, los comentarios de la tertulia a la que asistía, sus reflexiones críticas sobre la vida universitaria, apuntes sobre cómo el clima determina los estados de ánimo, las mujeres, las pensiones, la soledad… Pla maneja una prosa natural, realista, atenta al detalle, donde destaca la asombrosa utilización de los adjetivos y su facilidad para retratar en pocas líneas a los personajes que van apareciendo.

Estos mismos rasgos se dan en el resto de sus diarios recogidos en este volumen. Notas dispersas se publicó por vez primera en catalán en 1969. En él, reunió los textos diarísticos que había escrito entre 1919 y 1960. No tienen la unidad de El cuaderno gris, pero mantienen el tono, los temas y el interés. En esos años se forma su carácter, su visión del mundo, se amplían sus lecturas y conoce muy de cerca la instauración del nazismo, del fascismo (uno de los testos más largos describe la marcha de Mussolini sobre Roma, que Pla vivió como corresponsal de prensa) y del comunismo. El conocimiento directo de estos hechos históricos le lleva al radical rechazo de cualquier forma conocida de totalitarismo, una de las claves de su pensamiento y que explica también su oposición a cualquier forma de utopismo político y social, especialmente del socialismo y comunismo.

También aparecen en este volumen otros dos diarios: Notas para Silvia y Notas del crepúsculo. El primero es un texto misceláneo del que se han excluido, en esta edición, un largo texto sobre Grecia y su reportaje periodístico Madrid. El Advenimiento de la República. Aparecen en sus páginas los temas habituales de sus diarios. El libro termina con un largo texto sobre el infarto de miocardio que tuvo en 1972, cuando Pla contaba con setenta y cinco años. La edición original de Notas del crepúsculo es de 1976. Lo escribe con cerca de ochenta años. En sus páginas aparece remarcada su visión individualista, agnóstica, materialista y pesimista de la existencia. Eso sí, como en todo Pla, no faltan la ironía, la socarronería y el buen humor. Como escribe Carles Casajuana a propósito de su ideario existencial: “Pla no cree en Dios. Tampoco cree en las promesas de la razón, ni en ninguno de los sistemas cerrados e ideas, como el marxismo, que han sustituido para muchos a la religión. No cree que la vida tenga más sentido que el que cada uno quiera y sepa darle”.

Durante toda su vida Pla luchó por conseguir un estilo sintético, directo, que definiese su concreta manera de entender la realidad. Para Casajuana, Pla “huye de la afectación, del estilo rebuscado, de la originalidad y de la grandilocuencia”. Siempre atento a la vida y a sus más mínimos detalles, fue también un profundo conocedor de las tendencias filosóficas, históricas, culturales, artísticas y literarias de su tiempo. Sigue siendo un escritor fundamental para “conocer nuestra historia reciente y comprender el mundo en que vivimos” (Casajuana).

Uno de sus estudiosos, Josep Maria Castellet, lo definió como conservador liberal, escéptico y pesimista. Era un individualista radical, enemigo acérrimo de cualquier forma de fanatismo y convencido de la absoluta banalidad de la existencia humana. Durante el franquismo y, sobre todo, al final de su vida, fue un escritor contracorriente, que se opuso especialmente al utópico progresismo de las izquierdas, que controlaban el mundo cultural. Este ambiente le marginó de las esferas literarias. Sin embargo, el lector contemporáneo ha redescubierto a Pla y aprecia la calidad, actualidad, amenidad y agudeza de sus observaciones y comentarios.

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