Nocturnos

Anagrama. Barcelona (2010). 249 págs. 17 . Traducción: Antonio-Prometeo Moya.

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Tras seis novelas de alta calidad, Ishiguro publica su primer libro de relatos, en realidad cinco novelas cortas. Sigue indagando en todas ellas en sus preocupaciones de siempre, que giran en torno a la evaluación del pasado. Ishiguro pone a sus personajes siempre en un momento de su vida en el que descubren que sus expectativas no se han cumplido. Así, puede deducirse, la clave de la existencia viene a ser prepararse adecuadamente para las decepciones que sin duda se nos irán presentando.

Esta vez sus protagonistas pertenecen al mundo de la música; son artistas mediocres sin talento ni potencial, o han disfrutado de algún breve periodo de éxito, o no se han dado las condiciones para que fueran comprendidos o aceptados, o son reconocidos profesionalmente pero han fallado en sus vidas personales. Todos ellos están en el momento de tomar una importante decisión, persiguiendo aún el espejismo del éxito, o tratando de enderezar lo que no ha funcionado. Es el drama del artista que debe ser juzgado y siente que otros ven las cosas de modo diferente (y peor).

Son historias intensas y magníficamente narradas, triangulares en cuanto a los personajes, abiertas en algunos finales, escritas con el estilo exacto, elegante y preciso que caracteriza al autor. Ishiguro estira algunas situaciones hasta rozar lo extravagante, pero siempre dentro de un realismo implacable y asfixiante para sus personajes. El conjunto no resulta exactamente pesimista pero hay pocas personas felices en estas páginas.

Nocturnos no desentona con la trayectoria de Ishiguro, considerado por muchos como un maestro, pero tampoco la hace crecer. Su tercera y cuarta novela (Los restos del día y Los inconsolables) siguen siendo sus mejores logros hasta ahora.