No acosen al asesino

José María Guelbenzu

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Alfaguara. Madrid (2001). 424 págs. 2.800 ptas.

La última novela de José María Guelbenzu (Madrid, 1944), No acosen al asesino, supone una ruptura con una trayectoria marcada por el experimentalismo y las preocupaciones éticas y estéticas, como había demostrado, por ejemplo, en su novela anterior Un peso en el mundo (ver servicio 94/99).

No acosen al asesino es una singular novela policiaca, en la órbita de la literatura británica, en la que Guelbenzu, más que obsesionarse con la intriga sobre quién es el asesino -dato que conocemos desde la primera página-, prefiere adentrarse en las razones psicológicas que han llevado a Carlos Sastre a asesinar con tanta sangre fría al magistrado Medina. Para ello, reconstruye el ambiente en el que tuvieron lugar los hechos, una urbanización turística en la playa cantábrica, y la vida de Carlos Sastre, su protagonista. A Guelbenzu le interesa sobre todo captar el mundo en el que se mueven sus personajes, para lo que añade interesantes pero insuficientes matices costumbristas.

Esto hace mella en la desigual estructura de la novela. Las pesquisas policiales pierden relevancia a medida que se avanza en la lectura, a pesar del empeño del autor por mantener el interés, alargado de una manera artificial. Las historias secundarias -los repentinos y ardientes amores de Carlos Sastre y Carmen Valle y las historias de las parejas que apuntan el modo de vida de buena parte de la burguesía actual- no acaban de cumplir una función palpable en el desarrollo de la trama, provocando, además, situaciones inverosímiles y desviando la atención del lector.

Adolfo Torrecilla