Nieve

Alfaguara. Madrid (2005). 504 págs. 23,95 €. Traducción: Rafael Carpintero.

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Ka, el protagonista, es poeta turco que regresa a su patria tras años de exilio en Alemania. Por encargo de un periódico de Estambul viaja a Kars, pequeña ciudad en el extremo oriental de Turquía, para elaborar un reportaje sobre una serie de suicidios de jóvenes mujeres que sufrían discriminación o fuertes presiones por llevar la cabeza cubierta según la tradición musulmana. A la vez, están próximas las elecciones municipales, que probablemente ganará un partido islamista. Pero estos asuntos desaparecen pronto de la novela, que se centra en el reencuentro de Ka con Ipek, antigua condiscípula que vive en Kars, y en un estrafalario pronunciamiento anti-islamista. Todo ocurre durante un temporal de nieve que deja aislada la ciudad unas horas después de la llegada de Ka.

El romance entre Ipek y Ka se desarrolla demasiado deprisa en los pocos días del temporal. Pamuk apenas muestra cómo se enamoran, y ya los hace protagonistas de un capítulo pornográfico. Otros hilos argumentales y otros personajes brotan también con notable rapidez, y algunos resultan abandonados.

Por su parte, el relato de los acontecimientos públicos y su trasfondo -las tensiones entre islamistas y laicistas- se siguen con interés, pero también con creciente escepticismo. El autor se introduce cada vez más en la novela, con sus propios nombre y señas, y pretende corroborar la veracidad de la crónica presentándola como fruto de sus laboriosas pesquisas y el trato (epistolar en los últimos años) con su amigo Ka. Pero ese recurso resulta muy artificioso, porque en la mayor parte de la obra Pamuk narra desde el interior de Ka, en falsa tercera persona. Cuenta los pensamientos y sentimientos de Ka durante la estancia en Kars, pero al final confiesa no haber podido averiguar con certeza adónde dirigió sus pasos el protagonista en las últimas horas decisivas. Y si la asonada laicista es estrambótica, el final que Pamuk le da resulta aún más inverosímil.

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares