Nido de arañas

Lumen. Barcelona (2008). 308 págs. 16,90 €. Traducción: Matuca Fernández de Villavicencio.

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Precedida por una frase del gran Raymond Chandler (“Es la mejor escritora de suspense que conozco”), esta novela de la norteamericana Elisabeth Sanxay Holding (1889-1955) no puede abrirse con mayor interés. Tras la lectura, constatamos el oficio de una buena escritora, con algunas virtudes narrativas destacadas, aunque ceñida a la preceptiva de un género muy reglado cuyas convenciones cumple con eficacia pero sin la aportación original, propia de los grandes autores.

Nido de arañas -segunda novela que Lumen publica de la autora, tras el éxito de La pared vacía– presenta al ex marino Malcolm Drake, traumatizado por su participación en un episodio de la Gran Guerra, viviendo en la casa de su cabal hermano Arthur, en una tranquila mansión dominada por el puritanismo de la tía Evie, que no tarda en aparecer muerta en extrañas circunstancias. El argumento se complica con nuevas muertes y las enigmáticas acciones de personajes secundarios tan finamente esbozados que desorientan a Malcolm tanto como al lector. Malcolm es incapaz de matar a una mosca, pero precisamente es su vaguedad la que, manejada por una suerte de casualidad fatalista, acrecienta su apariencia de culpabilidad.

La escritura de Holding desconcierta de tan esquemática. El fraseo está reducido a lo estrictamente indispensable para hacer avanzar la acción: no hay una divagación injustificada, ni siquiera un adjetivo superfluo. Holding escribía novelas de misterio para ganarse la vida en la época de la Gran Depresión, y quizá este objetivo puramente alimenticio de su labor acabó contribuyendo a fijar una fórmula narrativa bastante eficaz: sencillez expositiva y elaborada composición. Pero su fuerte son los personajes: con apenas unos trazos y los diálogos, logra darles consistencia y volumen, pero sobre todo verosimilitud. De hecho, como único defecto señalaríamos cierta ingenuidad de la autora en la planificación de los crímenes, lo que delata la pertenencia de la obra a un estadio algo embrionario del género de suspense, un poco a lo Agatha Christie, para quien las muertes son excusas intelectuales que desatan la trama y no sucesos tratados con la gravedad que merecen, también en la ficción. Por el diseño de la rica ambigüedad de los personajes, sin embargo, Holding es una clara precursora de Patricia Highsmith.