Moscú: frontera

Ediciones del Oriente y del Mediterráneo.
Madrid (2006).
462 págs.
19,50 €.
Traducción: Eduardo Fernández Cruceiro.

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Publicado en 1937, poco tiempo después de una larga estancia del checo Jiří Weil en la Unión Soviética, Moscú: frontera es uno de los primeros testimonios de la deriva represiva y totalitaria del régimen soviético. Cuando apareció, provocó un fuerte escándalo en Checoslovaquia. El libro cuenta la vida de varios checoslovacos que, animados por la revolución comunista, unen sus destinos a la causa. Comienza con el viaje que realiza la joven Ri para unirse con su esposo, ingeniero checo que trabaja en la URSS. Ri es una mujer de origen judío que antes de casarse con Robert había vivido una experiencia en Palestina, adonde se había trasladado para trabajar las tierras con su anterior marido, Karel, un líder judío. Ri, sin embargo, acaba abandonando a Karel y regresa a su país.

Su posterior viaje a la Unión Soviética para unirse a Robert es toda una aventura. Ella se traslada por amor, pues ni entiende ni comparte el mensaje comunista. El fuerte choque que vive le sirve al autor para describir a pie de calle el proceso de construcción de la URSS, cuando Stalin se ha hecho con el control del Partido Comunista y han aumentado las presiones políticas sobre la población. Las condiciones materiales en las que viven son muy duras, con “la continua lucha por un lugar en el tranvía, por un lugar en la calle, por un trozo de pan en la tienda…”.

El asesinato en 1934 de uno de los líderes del Partido Comunista en Leningrado, Serguéi Kírov, agita el clima político y provoca que se multipliquen las purgas en todo el país.

Moscú: frontera es un excelente testimonio de la vida en la Unión Soviética en la década de los años treinta. Resultan interesantes las descripciones de la vida en las fábricas, las largas colas para abastecerse, las manifestaciones populares… En este sentido, algunos pasajes del libro son propios del reportaje periodístico, pues cargan más la mano en los elementos sociológicos que en los literarios. Pero al poner el acento de la novela en la acción y en la política, apenas conocemos la interioridad de los personajes; de hecho, algunas cuestiones (como la separación de Ri y Karen, el posterior recurso al aborto de Ri, la boda con Robert…) se despachan en muy pocas líneas, sin apenas prestar atención novelesca a estos asuntos.

La trama de la novela es, en parte, autobiográfica. El autor ingresó en 1921 en las juventudes comunistas; en 1922 hizo un primer viaje a la URSS para conocer en directo la revolución. Luego, en 1933, viajó de nuevo a Moscú para traducir las obras de Lenin y comprobó que poco tenía que ver la sociedad soviética de entonces con la que él había conocido diez años antes. Weil también sufrió en sus carnes la represión: como uno de los protagonistas de la novela, fue denunciado y acusado de contrarrevolucionario. Se libró de la pena de muerte por poco y estuvo deportado en un campo de concentración en Kazajstán.

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