Mientras vivimos

Maruja Torres

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Planeta. Barcelona (2000). 267 págs. 2.750 ptas.

Con Mientras vivimos, su segunda novela, Maruja Torres (Barcelona, 1943), periodista afamada y autora de libros de viajes, reportajes periodísticos y memorias profesionales (Mujer en guerra), ha obtenido el Premio Planeta 2000.

La autora abandona el tono autobiográfico empleado en su anterior novela, Un calor tan cercano (1997), para contar la vida de tres mujeres de tres generaciones, unidas por su pasión por la escritura. Judit, la más joven, vive en un barrio popular de Barcelona y ansía ser el día de mañana una escritora famosa para salir del ambiente mediocre que la deprime. Judit siente especial veneración por la conocida escritora Regina Dalmau, para quien acaba trabajando de secretaria. Por su parte, Regina, tras su máscara de mujer famosa y realizada, esconde una turbulenta vida y una amistad muy particular con Teresa, una escritora que fue amante de su padre y que inculcó a Regina su pasión por la literatura. El peso central de la novela es la lucha de Judit por abrirse camino y los pasos que va dando, muy calculados, para aproximarse al mundo íntimo de Regina con el fin de conocer la clave de su éxito literario.

La novela plantea un íntimo conflicto intergeneracional, con la literatura como telón de fondo. Los tres personajes acaban cayendo en el estereotipo, dando forma a situaciones de laboratorio, poco sólidas. Desde el punto de vista estilístico, la novela transita por una escritura correcta, un tanto torpe para penetrar en los matices de la psicología de los personajes. Sociológicamente, las tres mujeres viven y defienden una concepción de la mujer y de las relaciones humanas en sintonía con los aires del feminismo más liberal. Para subrayar estas ideas, la autora maneja en no pocas ocasiones una moralina progre muy elemental: “Regina, que había abortado en Londres en su juventud sin sufrir traumas posteriores, nunca había sufrido las embestidas de la maternidad no realizada”.

En Mientras vivimos existe un cierto riesgo argumental, un deseo de crear un inteligente conflicto narrativo. Sin embargo, el resultado final, sobre todo por falta de pericia, es una novela melodramática, donde las buenas intenciones quedan ahogadas por la saturación estilística de tópicos.

Adolfo Torrecilla

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