Middlesex

TÍTULO ORIGINALMiddlesex: A Novel

GÉNERO

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Anagrama. Barcelona (2003). 673 págs. 24,5 €. Traducción: Benito Gómez Ibáñez.

Cal Stephanides es un grecoamericano que trabaja en Berlín para el Ministerio de Asuntos Exteriores. Una serie de errores médicos han hecho que hasta los 14 años no descubra claramente que es hermafrodita. A los 40 años decide contar la historia de su infancia y educación como niña y de cómo asumió desde los 14 su identidad cromosómica de varón.

La novela está escrita de modo sobresaliente: personajes bien definidos, reales, nada literarios; trama bien llevada; tono adecuado -realista y con desenfado- para eludir el melodrama de lo inaudito; lenguaje sencillo y directo, fiel seguidor de la tradición norteamericana. Si a todo esto añadimos el morbo sensacionalista del argumento y el tratamiento políticamente adecuado del autor, tiene todos los ingredientes para el éxito. De momento ha cosechado el prestigioso Pulitzer en Estados Unidos y en España ha sido recibida por la crítica con bombo y platillo. Se trata de la segunda novela de Eugenides (Detroit, 1960) tras Las vírgenes suicidas.

La novela es básicamente lineal en tiempo y espacio. Un defecto técnico de cierta importancia puede ser la omnisciencia que se otorga a Cal, narrador único en primera persona, sobre todos los acontecimientos y personajes. La acción abarca todo el siglo XX y es también un recorrido ameno y agudo por la historia de Estados Unidos: el fenómeno de la inmigración y del racismo, Henry Ford, el crack del 29 y el capitalismo, Pearl Harbor y Vietnam, etc.

El tema hace inevitablemente que la cuestión sexual sea la gran protagonista de la historia, y es aquí donde la novela (y eso no era inevitable) se desenfoca lamentablemente. Middlesex es un completo catálogo de desastrosas anomalías en este campo. Toda la novela traduce una concepción meramente instrumental y divertida del sexo, con el único límite de que nadie violente tus deseos. No es una novela exageradamente escabrosa; se trata más bien de una polarización sacada de quicio. El asunto de la identidad sexual es abordado con cierto rigor desde su doble perspectiva genética y educacional pero no se extraen conclusiones claras.

Middlesex es una novela seria y con escenas memorables, la narración coherente y verosímil de un auténtico drama, contado a partir de un consistente análisis psicológico y médico del protagonista. Pero empobrecida de modo irrecuperable por una endeble visión de la persona.

Javier Cercas Rueda

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