Memorias, entendimientos y voluntades

Camilo José Cela

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Plaza & Janés/Cambio 16. Barcelona (1993). 378 págs. 1.995 ptas.

Cela publicó en 1959 La rosa, su primer libro de memorias, un repaso de su infancia y adolescencia. En su introducción, definía la memoria como “ese hondo pozo del que pueden estarse sacando cubos y cubos de dolor durante toda una vida”. Había en La rosa un cordial idealismo familiar y un medido barniz poético.

Muy distinta es esta continuación, que va desde su traslado a Madrid hasta la publicación, al acabar la guerra civil, de La familia de Pascual Duarte. Desde la intocable posición en que se encuentra, Cela ha escrito este libro para aclararse en sus recuerdos, a veces atosigadores por la cantidad de nombres que rodean al autor.

Cela insiste en los aspectos que le han hecho famoso: muchas escenas procaces, humor escatológico y sucesos protagonizados por personajes casi carpetovetónicos. Cuando habla de sus años de estudiante, hay una obsesión por dejar en mal lugar la labor educativa de la Iglesia, generalizando desde su experiencia, a veces muy condicionada por las circunstancias. No tiene Cela la intención de que sus memorias sirvan para definir su tiempo, sino sólo su vida y sus aventuras, muchas de ellas escabrosas. Y ya está. Eso sí, de vez en cuando, hay divertidos chascarrillos y aciertos.

Adolfo Torrecilla

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