Memoria de mis putas tristes

Gabriel García Márquez

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Mondadori. Barcelona (2004). 112 págs. 17 €.

Dos años después de “Vivir para contarla” (ver servicio 149/02), el primer volumen de sus memorias, y diez de su última novela, “Del amor y otros demonios” (ver servicio 87/94), vuelve García Márquez al terreno de la ficción con una historia que tanto en el fondo como en la forma recuerda a los personajes de sus novelas más emblemáticas. Sin embargo, parece que el modelo ya está agotado y que la novela, breve y más bien insustancial, no se sustentaría sin la resonancia literaria y sociológica que provoca cualquier nueva obra del Nobel colombiano.

“Memoria de mis putas tristes” cuenta la historia de amor (?) entre el narrador-protagonista, un anciano de 90 años, y una adolescente de 14. Cuando cumple los 90, el narrador decide pasar una noche en un prostíbulo con una joven virgen. Durante toda su vida ha frecuentado asiduamente los prostíbulos y su vida amorosa se resume en los numerosos contactos que ha mantenido con todo tipo de prostitutas. Soltero, refinado, solitario, tímido, feo, anacrónico, el ahora anciano ha sido maestro de gramática castellana y latina y también periodista. Sigue escribiendo una colaboración semanal en el periódico, en la que, de alguna manera, irá contando su historia de amor. Porque en el primer encuentro con la muchacha, y en los sucesivos, está ausente la pasión sexual y el anciano se limita a acariciar a la joven, a acompañarla en sus sueños e, incluso, a leerle algunas novelas que considera que pueden gustarla, como “El principito” y “Las mil y una noches”. El amor que siente por la joven es cada vez más apasionado e intenso, y su vida no tiene sentido sin esa necesaria compañía.

Me han sorprendido los comentarios encomiásticos que han aparecido en algunos medios de comunicación sobre esta novela, donde he llegado a leer que esta historia de amor contiene “una prodigiosa ironía y vertiginosa belleza poética”. Acaso, con tantas numerosas copias piratas que circulan de esta novela, yo he leído una versión distinta. Sin entrar en la oportunidad de elegir un argumento que aborda sin extrañeza la prostitución infantil (¡qué hubiese sucedido si algo parecido lo hubiese publicado la editorial de la ex directora general del Instituto de la Mujer! –cfr. servicio 79/03-), literariamente se trata de una novela inverosímil y artificial. Como en todo lo que escribe García Márquez hay momentos logrados y descripciones de gran belleza plástica, pero se trata de episodios muy puntuales. Más bien parece, además, como si García Márquez hubiese estirado en demasía un argumento concebido para un relato más que para una novela. En ningún momento la peregrina y perversa anécdota narrativa se convierte en motivo de reflexión sobre la grandeza del amor. Yo diría que al contrario.

Adolfo Torrecilla