Marca de agua. Apuntes venecianos

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Edhasa. Barcelona (1993). 107 págs. 1.200 ptas.

Italia es una referencia frecuente en la poesía del Premio Nobel de Literatura 1987. En este breve libro en prosa hace una crónica de los diecisiete inviernos que ha pasado en Venecia, “la mayor obra maestra que produjo nuestra especie”, según sus palabras. El autor incluye bastantes alusiones autobiográficas, como el encuentro con la viuda de Ezra Pound, acompañado por Susan Sontag; los paseos por la ciudad; el encuentro con otros artistas, etc. Estos hechos no constituyen lo más importante del libro, y Brodsky los relata con cierta ironía.

Son interesantes sus opiniones sobre la cultura contemporánea, muy críticas a veces, como cuando habla de Muerte en Venecia, la novela de Thomas Mann y la película de Luchino Visconti. Sobre todo, arremete contra las corrientes de fin de siglo de tono decadente, que han hecho de Venecia su símbolo, y con los intelectuales occidentales deslumbrados por el marxismo, cuya tiranía sufrió Brodsky en sus propias carnes, hasta que abandonó Rusia en 1972.

Lo más sugestivo del libro es la visión de la ciudad que ofrece Brodsky. “Lo que sigue -se lee- tiene más que ver con el ojo que con las convicciones”. Es esa mirada del poeta lo fascinante para el lector, por la descripciones de lugares, de detalles, de juegos de luz y de agua, con un estilo metafórico muy rico. Sobresalen también las ideas que suscitan en el autor sus encuentros con la ciudad en invierno: sobre el arte, la belleza, el hombre, el Todopoderoso, el amor… Casi siempre se trata de intuiciones, que denotan una batalla interior entre relativismo y trascendencia. Las últimas palabras del libro son esperanzadoras: “porque nuestro amor, también, es más grande que nosotros”.

Marca de agua es un libro para saborear despacio. La prosa de Joseph Brodsky, en la magnífica traducción de Horacio Vázquez Rial, así lo requiere.

Luis Ramoneda

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