Manual de Inquisidores

TÍTULO ORIGINALO Manual dos Inquisidores

GÉNERO

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Siruela. Madrid (1998). 406 págs. 3.000 ptas. Traducción: Mario Merlino.

António Lobo Antunes (Lisboa, 1942) es, junto con José Saramago, Vergílio Ferreira, Agustina Bessa Luís, Cardoso Pires y Mário de Carvalho, uno de los escritores más relevantes de la literatura portuguesa actual. En España, con bastante retraso, se han traducido hasta ahora sólo cinco obras suyas. Tres de ellas, publicadas en Siruela, forman una trilogía que el autor quiso dedicar a la muerte, y son un buen resumen de su singular mundo literario: Tratado de las pasiones (1995), El orden natural de las cosas (1996) y La muerte de Carlos Gardel (1997).

Lobo Antunes es médico psiquiatra, aunque desde hace diez años se dedica de manera casi exclusiva a la literatura. Estuvo como médico en la guerra de Angola, experiencia dolorosa de la que regresó enfermo y con la pérdida de un oído. En la época de Oliveira Salazar militó en el partido comunista y lo abandonó en la década de los 80.

El peso de la memoria y la reconstrucción de unas vidas destruidas son los hilos conductores de sus principales novelas, elaboradas con un exigente trabajo estilístico. A esto hay que añadir la visión crítica del régimen de Oliveira Salazar, su rechazo de la religión católica y su particular descripción de los tics de la sociedad portuguesa.

Manual de Inquisidores pretende ser el retrato de la sociedad portuguesa durante los últimos años de la dictadura de Salazar basándose en la vida de uno de sus ministros. Un variado conjunto de personas que convivieron con este ministro, procedentes de todas las capas sociales, reconstruyen ante un anónimo investigador su relación con un personaje que simboliza la peor cara del poder y la corrupción moral. Dueño de una finca en Palmela, en las proximidades de Setúbal, todos describen las constantes claudicaciones de sus vidas ante la avasallante y lujuriosa personalidad de un ministro cacique, caracterizado con la prepotencia y los gestos de los antiguos patrones. No hay una evolución cronológica ni coherente de los hechos. Al autor no sólo le interesa describir los excesos del poder político, sino también los trozos de vida de un multiforme grupo de personajes, sin llegar nunca al retrato costumbrista, objetivo que rechaza Antunes. La novela está dividida en bloques, y en cada uno de ellos, junto con otras voces, toma protagonismo uno de esos personajes: João, su hijo, abandonado por su madre y tratado por su padre con un irracional despotismo; Titina, el ama de llaves de la finca de Palmela, enamorada en secreto del patrón; Paula, su hija no reconocida; su amante lisboeta, Milá. También en estos capítulos interviene el propio ministro, ya anciano, enfermo, solo y completamente abandonado en el hospital de la Misericordia.

La técnica narrativa se basa en el relato coral, lo que multiplica todavía más los rasgos fragmentarios de una narración que se construye premeditadamente como un laberinto. Tanto por su desordenada estructura como por su estilo barroco, la novela exige un lector activo que esté dispuesto a ir reconstruyendo en su interior la historia que se va narrando, llena de intermitentes reiteraciones y con un ritmo que quiere imitar el inconexo fluir del pensamiento.

Como en sus anteriores libros, Antunes ofrece una visión desoladora de las relaciones humanas. Los personajes sufren todo tipo de tormentos y fracasos -vitales y amorosos-, descritos con un estilo agresivo y desgarrado, donde no hay sitio para la comprensión ni la piedad.

A lo largo de toda la novela, Antonio Lobo Antunes no hace ninguna concesión y su novela es, antes que nada, un laborioso ejercicio lingüístico, formalmente muy arriesgado. Su reflexión sobre el dolor de la existencia, con recursos sorprendentes, deja un regusto amargo, y también la duda de que quizá, en su afán de construir con imágenes la desolación, Lobo Antunes ha realizado una meticulosa selección de los sentimientos, quedándose con los que mejor representan su atormentada visión del mundo.

Adolfo Torrecilla