Mañana en la batalla piensa en mí

Anagrama. Barcelona (1994). 367 págs. 2.475 ptas.

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Las novelas de Javier Marías no son estridentes en sus peculiaridades, pero siempre hay en ellas unos matices de distanciamiento, que marcan su diferencia con el resto de los autores de la generación del medio siglo. Esta actitud, que hasta ahora le ha dado resultados francamente favorables (un último ejemplo es Corazón tan blanco, servicio 40/92), no acaba de cuajar en el caso de esta novela.

El arranque toma como pretexto una situación entre esperpéntica y macabra. El protagonista, intelectual treintañero divorciado, acude a una cita ocasional con una conocida, que le invita a cenar en su casa aprovechando la ausencia del marido. Después de la cena y tras acostar al pequeño hijo de la anfitriona, pasan al dormitorio y allí, entre el revuelo de prendas a medio quitar, ella sufre un extraño y repentino ataque, del que muere a los pocos minutos. El invitado, después del desconcierto inicial, abandona la casa sin avisar a nadie. Este insólito suceso provoca en él, al paso de los días, el deseo de saber más sobre esta mujer que murió en sus brazos y a la que apenas conocía.

Marías ha querido realizar una crónica de costumbres de la actual clase media madrileña. Sin embargo, el afán de afirmar su diferencia le ha inducido a buscar un enfoque narrativo distinto, de laberíntica estructura. El resultado no es especialmente fructífero. El acertado cuadro ambiental no basta para sostener un relato cuyos personajes están poco perfilados, con rasgos convencionales, y en el que la trama se resuelve en unas situaciones forzadas y nada convincentes.

Las diversas secuencias en que se dispersa la acción coinciden en un mismo planteamiento de fondo. Todas ellas presentan una sucesión de conductas utilitaristas y amorales -adulterio, prostitución, engaños profesionales, trampas financieras…- que sólo buscan el propio beneficio sin correr demasiados riesgos.

La absoluta falta de principios aparece como la lógica consecuencia de una sociedad evolucionada, en la que cada cual puede obrar como más le apetezca, evitando únicamente causar prejuicios graves a los demás.

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