Música militar

TÍTULO ORIGINALMilitärmusik

GÉNERO

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RBA Libros. Barcelona (2004). 164 págs. 15 €. Traducción: Macarena González.

Hace unas décadas, el propósito de revelar al mundo las atrocidades cometidas en la Unión Soviética por el régimen comunista llevaba a escritores como Solzhenitsin a practicar una literatura testimonial y de denuncia. Hoy, cumplido ya ese objetivo, autores como Víktor Pelevin (ver servicio 54/03) o Wladimir Kaminer optan por la sátira, desde una perspectiva ácida, o más amable, o decididamente cómica. Este último es el caso de Kaminer, quien en esta breve novela construye una farsa desternillante y disparatada poniendo de manifiesto la parte más esperpéntica de la ideología gobernante.

Música militar sigue con bastante fidelidad el esquema narrativo de la novela picaresca, la autobiografía de un joven que va pasando por diversas ocupaciones sin estar a gusto en ninguna hasta que consigue salir de la Unión, momento en que se detiene el relato. Pero no se trata de una novela de aprendizaje, porque ese protagonista y narrador en primera persona no saca nada aleccionador de ninguna de las surrealistas situaciones por las que pasa. En realidad, el autor ha querido hacer un relato divertido sobre su propia juventud, una especie de homenaje al gran absurdo de la vida en la Unión Soviética durante los años ochenta, cuando el control ejercido sobre los ciudadanos había perdido rigidez y los jóvenes rusos bebían Pepsi de contrabando y aspiraban a ser rockeros al estilo británico.

Sin embargo, queda la duda de la veracidad de lo que cuenta: el protagonista dice llamarse Wladimir Kaminer, pero resulta difícil creer que en apenas diez años pasara por un grupo de teatro nacional, montara su propio conjunto de rock que hacía giras por todo el país, recorriera la estepa en tren transportando vacas y bebiendo aguardiente, completara una mili de esperpento en un bosque con una tecnología rancia y viviera una temporadita en un campamento hippie y medio esotérico, entre otras muchas cosas. En todo caso, el tono con que se cuentan estas historias consigue indudablemente el efecto cómico que se propone al emplear un estilo conciso y despreocupado que narra sin extrañeza los disparates más increíbles. Rusia: reír por no llorar.

Jorge Bustos Táuler

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