Últimas noticias del paraíso

Clara Sánchez

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Alfaguara. Madrid (2000). 289 págs. 2.800 ptas.

Con esta son ya seis las novelas de Clara Sánchez (Guadalajara, 1953), ganadora del III Premio Alfaguara. Piedras preciosas (1989) y No es distinta la noche (1990), dieron forma a su intimista mundo rememorativo, luego continuado en El palacio varado (ver servicio 108/93) y Desde el mirador (ver servicio 103/96), luego dio un giro a su trayectoria literaria en su penúltima novela, Los placeres y los días (ver servicio 74/99), la cotidiana obsesión de una profesora por uno de sus alumnos de 17 años.

Últimas noticias del paraíso cuenta la historia de Fran, un joven adolescente que vive en una urbanización en las afueras de Madrid. Aparentemente es la historia de un joven sin muchos problemas que no acaba de encontrar su sitio. Su padre apenas aparece por casa (se acabará separando), su madre se pasa todo el día en el gimnasio (incluso tiene un aventura con el monitor)… La novela cuenta tanto las fluctuaciones de su inmaduro mundo personal como el ambiente de este tipo de urbanizaciones, los vecinos, los amigos. Entre ellos destacan Tania, de la que está tímidamente enamorado, y Eduardo, su hermano, un chaval muy inteligente que acaba atrapado en una misteriosa historia de tráfico de drogas en el extranjero. Fran abandona los estudios, soporta como puede las crisis de su madre, mantiene unas charlas existenciales con su esotérico vecino Alien, trabaja en un vídeo club… Al final, los exóticos sueños de Fran están a punto de cumplirse cuando un cúmulo de casualidades le proporciona una insólita oportunidad para abandonar la vida que lleva.

Lo de menos en esta novela es el deslavazado argumento; lo más original es cómo Fran cuenta las cosas que le van ocurriendo, con una levedad que le lleva a no dar importancia a nada. Esta impasibilidad tiene, de entrada, gancho, pues el personaje de Fran, aun con su abulia y sus silencios, se hace atractivo.

Sin embargo, a medida que avanza la novela, se comprueba que esa forzada ambigüedad narrativa, propia del mundo adolescente, es un truco para que todo cuadre. Nada de lo que va pasando tiene suficiente entidad y, sin embargo, al final, esas anécdotas -bastante insólitas y morbosas- en las que se ve metido Fran son las que definen su carácter, su mundo interior y el ritmo de la narración. Y lo que parecía tener más atractivo -reflejar la sociología de un confuso microcosmos urbano-, queda difuminado por el caprichoso devenir de un argumento insustancial y un tanto peliculero, que la autora ha definido como “desviaciones de la realidad” que posibilitan “los mitos, los sueños y las leyendas”. Si ella lo dice…

Adolfo Torrecilla

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