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Los siete años de abundancia

Siruela.

Madrid (2014).

160 págs.

15,95 € (papel) / 8,99 € (digital).

Traducción: Raquel Vicedo.

TÍTULO ORIGINALThe Seven Good Years

GÉNERO

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Etgar Keret (Tel Aviv, 1967) es autor de cuatro libros de relatos y una novela; también es guionista, director de cine y profesor en la Universidad de Tel Aviv en el Departamento de Cine y Televisión. Sus libros suelen ser bestsellers en Israel y algunos se han traducido en 35 países. Keret es también asiduo colaborador en medios de comunicación internacionales. Este nuevo libro, Los siete años de abundancia, reúne una selección de crónicas publicadas en diferentes medios que tiene como hilo conductor sus peripecias personales y familiares.

Como demuestra en estos artículos, y en su último libro de relatos publicado en España, De repente llaman a la puerta (Siruela, 2013), Keret es un escritor de raíces muy occidentales que aborda de manera distinta e irónica los habituales temas de la narrativa israelí, ceñidos en muchas ocasiones a su concreta problemática política y social. Keret es un escritor muy imaginativo que escribe con un estilo desenfadado y con mucho sentido del humor. Aparentemente, se toma muy poco en serio muchos de los grandes problemas que acucian a su país, pero su literatura es su personal aportación para sembrar espíritu de concordia y solidaridad. Keret tiene la habilidad de reírse constantemente de sí mismo, de las tradiciones y de los temas tabú de la sociedad israelí. Pero no lo hace de manera superficial o cítrica, sino con un punto de vista muy amigable y enriquecedor.

Estas crónicas abarcan siete años de su vida. En ellas habla de su matrimonio, de la relación con su hijo Lev, de sus padres (polacos, supervivientes del holocausto), sus clases en la Universidad, entrevistas con sus amigos, sus numerosos viajes como escritor, anécdotas familiares, recuerdos de su infancia, reflexiones sobre la vida y la literatura… Sin maniqueísmos fáciles y cómodos, habla de la obsesiva presencia del terrorismo, la seguridad y la violencia. Y también de la religión: “Yo, cuando se trata de religión, no tengo dios”.

Estas crónicas tienen gran semejanza con sus relatos, inspirados muchos de ellos en su propia biografía y familia. Keret tiene la habilidad de convertirse en protagonista de estas historias, que las cuenta y condensa muy bien. Como le dice su mujer: “nuestra vida es una cosa, y tú siempre la reinventas para que sea otra cosa más interesante”. Muchas son muy ocurrentes (como sus respuestas a las insistentes llamadas de una teleoperadora). Todas son breves, pero tienen los suficientes ingredientes narrativos para atrapar en pocas líneas la atención de los lectores. Como en la crónica “Defensor del pueblo”, que comienza de esta manera: “No hay nada como unos días en Europa del Este para sacar al judío que hay en ti”. O los comentarios que deja caer en “Mi llorada hermana”, donde cuenta la relación con su hermana, ultraortodoxa judía: “La época en la que mi hermana estaba descubriendo la religión coincidió con el periodo más deprimente de la historia del pop israelí”.

Algunos artículos, muy biográficos, abordan recuerdos de gran calado, como la relación con su hermano mayor (“Idolatría”) y el que cuenta sus inicios literarios (“Mi primera historia”). Pero en otros momentos se pone serio y hasta poético, como cuando viaja a Sicilia a un acto literario y mirando el mar hace esta sugerente reflexión: “Es el mismo Mediterráneo que está a solo cinco minutos a pie de mi casa en Tel Aviv, pero la paz y la tranquilidad que proyectan aquí los locales es algo con lo que nunca antes me había encontrado. El mismo mar, pero sin la nube aterradora, negra y existencial que estoy acostumbrado a ver suspendida sobre él”.