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Los millones de Brewster

Alba.

Barcelona (2014).

304 págs.

17,31 €.

Traducción: Pablo Sauras.

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Una versión de esta reseña se publicó en el servicio impreso 87/14

Monty Brewster es un joven adinerado que recibe una exorbitante herencia pero condicionada a que previamente se encuentre en la ruina. Si quiere acceder a esa herencia dispone de doce meses para gastar todo su dinero, que es mucho.

Este planteamiento inverosímil establece las bases de una divertida comedia que, por su ingenio y frescura, ha sido llevada al cine repetidas veces. El ambiente en que discurre es la despreocupada clase alta neoyorquina y el tono es siempre desenfadado.

Entre las cláusulas de la herencia está la condición de no divulgar a nadie su propósito de arruinarse. Todos los allegados de Monty ven con escándalo y preocupación cómo despilfarra su dinero.

La novela insiste en la paradoja de un protagonista que se entusiasma cuando pierde dinero y se desespera si lo gana. Al ser atracado, por ejemplo, Brewster experimenta una tranquilidad cercana a la satisfacción e incluso le señala al ladrón el bolsillo que había dejado sin registrar para que el robo sea lo más completo posible.

Brewster organiza con mentalidad empresarial la exigente tarea de gastar, pues no puede quedarse a medio camino: si no cumple debidamente las cláusulas, se enfrenta a la posibilidad de haber hecho el ridículo comportándose como un manirroto, ofender a los amigos por haber desoído sus advertencias, gastar todo lo suyo y al final quedarse sin la herencia.

Para complicar un poco más las cosas, Brewster tiene también un reto sentimental, pues su novia tampoco conoce las razones de su asombrosa conducta, se preocupa ante la inminente indigencia a la que su prometido parece abocarla y percibe en él inquietantes síntomas de locura.

Los millones de Brewster se publicó por primera vez en 1902 bajo seudónimo. El autor era ya por entonces un escritor reconocido gracias a una exitosa novela (Graustark, 1901) que fue el arranque de una saga. Ocultando aquí su nombre, se propuso comprobar si el libro triunfaba por sí mismo o por la popularidad de su autor. La novela fue un gran éxito.