Los Hombres de la Guadaña

Tusquets. Barcelona (2009). 337 págs. 20 €. Carlos Milla Soler.

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Connolly inauguró en 1999 con Todo lo que muere una serie de novelas que protagoniza el detective Charlie Parker. Desde entonces ha dado con un tono, unos personajes y un estilo de tramas llenos de fuerza y originalidad, que han explorado grados nuevos de la maldad y de la lucha contra ella. Una auténtica y adictiva novedad en el transitado terreno de la novela negra que se apoya en dos factores: Parker y sus amigos suelen enfrentarse a seres de verdad escalofriantes, y se ven a menudo envueltos en unas espirales de violencia psíquica y física que convierten a la mayoría de novelas similares en inocentes libros para niños; en segundo lugar, Parker es un hombre con conciencia pero con mucho dolor y odio acumulados, proclive a traspasar algunas fronteras que lo convierten en alguien muy peligroso, y no sólo para los malos. Un detalle lo dice todo: suele ayudarse de unos amigos fuera de la ley (Louis, asesino profesional, y Angel, ladrón) o al borde de la psicosis (los hermanos Fulci).

Esta séptima novela se centra en el pasado de Louis. Un antiguo “compañero de trabajo” viene a cobrarse una deuda muy lejana pero no olvidada. Esto lleva a la infancia de Louis, al racismo y los malos tratos, a su enigmático antiguo mentor, Gabriel, y a un equipo de especialistas llamados los Hombres de la Guadaña. No se necesita mucha imaginación para adivinar sus habilidades.

La novela, eléctrica y apasionante como las anteriores, alterna el presente con el pasado hasta conducirnos a un explosivo desenlace con intervención de Parker incluida. Nuevamente, el oponente principal, Ventura, es un ser que pone la carne de gallina. Connolly vuelve a mostrar su habilidad para contar de modo claro tramas complejas y cada vez narra mejor las escenas de acción y combate. La ambigüedad moral de sus protagonistas “buenos” se extiende en esta ocasión al gobierno, que permite ciertas actividades personificadas en el inquietante Milton.

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares