Los habitantes del bosque

Impedimenta.

Madrid (2012).

452 págs.

19,95 €.

Traducción: Roberto Frías.

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Esta novela, que se traduce por primera vez al castellano, era una de las preferidas por Thomas Hardy (1840-1928). Se trata de una excelente obra de madurez, publicada en 1887. Estamos en el ambiente rural del condado de Wessex, inventado por el escritor, trasunto del de Dorset natal, y en el que se desarrolla la acción de sus novelas más importantes. La ambientación es magnífica, fruto de los dotes de observación y de los conocimientos de la naturaleza que tenía Hardy.

A una zona boscosa y poco habitada, acaba de llegar Edred Fitzpiers, un joven médico, cuyas costumbres sorprenden a los lugareños. Se enamora de Grace, la hija del maderero Melbury, y se casan al poco tiempo, aunque lo previsto era que ella lo hiciera con Giles, un vecino fuerte, leal y honrado, aunque rudo. Poco después, comienzan los problemas entre los recién casados, por las infidelidades del marido con Felice Charmond, una viuda joven y rica que pasa algunas temporadas en la hacienda que heredó de su marido… La novela narra las tensiones que esto provoca en Grace y su familia, entre los vecinos, poco acostumbrados a hechos semejantes, y los intentos por remediar la situación por parte del padre de Grace, así como de las reacciones de esta, del marido y del papel de Giles, cuyo afecto por ella no se ha roto nunca.

Drama rural, con unos personajes bien perfilados y matizados: el médico, inmaduro e inconstante, la lucha de Grace entre ser fiel al compromiso matrimonial y ceder al creciente amor que siente por Giles, la lealtad y el respeto de este, el empeño del padre por ayudar a su hija… A estos, hay que añadir unos personajes secundarios, con los que se completa la descripción de las complejas relaciones humanas. Además, Hardy tiene una gran habilidad para ir desarrollando la trama con una buena dosificación de la intriga y con abundancia de detalles en apariencia irrelevantes cuyo significado se desvela en el momento oportuno.

Hardy carece del optimismo de Dickens. En su visión del hombre, pesa la influencia de las teorías darwinistas y deterministas de la época, por lo que el trasfondo de la novela es un tanto pesimista –aunque menos que en otras obras suyas–; pero sabe meter al lector en la piel de los personajes, critica algunas costumbres y defiende, además, la honradez, la lealtad… En ese sentido, resultan admirables el comportamiento de Giles y los esfuerzos de Grace por no ceder ante lo que la conciencia le dice que no es correcto. Una historia compleja muy bien contada.