Los desorientados

Alianza.

Madrid (2012).

528 págs.

22 €.

Traducción: María Teresa Gallego.

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Adam, el principal narrador y protagonista de esta novela, es un profesor árabe de Historia que vive desde hace décadas en París después de haberse exiliado en los años setenta del Líbano, a causa de la guerra civil. Desde entonces no ha regresado a su país natal, aunque ha seguido muy al tanto de lo que sucede allí y del destino de sus principales amigos. Adam es un claro trasunto del autor, Amin Maalouf (Beirut, 1949).

A raíz de una intempestiva llamada telefónica desde el Líbano, decide pasar una temporada en Beirut con el fin de preparar un encuentro entre todos los amigos que formaron, en la década de los 70, el Círculo de los Bizantinos, un grupo de universitarios procedentes de diferentes carreras, religiones, culturas… que compartieron una fuerte amistad en unos difíciles momentos.

Adam se pone en contacto con todos ellos para preparar la reunión. Esas gestiones, que anota escrupulosamente en unas libretas que funcionan como un diario íntimo, sirven a Adam para describir el ambiente del Líbano durante su juventud, la convulsión de la guerra, las diferentes reacciones de sus amigos, las cicatrices del exilio y, sobre todo, la estrecha unión que existía entre todos ellos. A la vez, Adam reflexiona sobre el destino del Líbano, país de una rica herencia cultural y religiosa, que durante mucho tiempo consiguió un elogiado equilibrio político, ahora bajo la constante amenaza de romperse. Como escribe Adam en una de su anotaciones, “es ese conflicto el que impide a Occidente y al islam reconciliarse, es el que hace retroceder a la humanidad contemporánea hacia las crispaciones identitarias, hacia el fanatismo religioso, hacia eso que llaman en nuestros días el enfrentamiento de las civilizaciones”.

Cada uno de sus amigos representa una parte cultural y religiosa de la convivencia que había en el Líbano y que se hizo añicos con la guerra. El regreso al Líbano provoca en Adam un auténtico mazazo afectivo y existencial que también le lleva a cuestionar parte de su vida y las decisiones que ha ido tomando. Esta desorientación, similar en otros personajes, le lleva a tener durante su estancia en Beirut una intensa relación, también sexual, con Semiramís, una de sus antiguas amistades.

La narración combina el relato en tercera persona de los hechos con numerosas reflexiones que proceden de los diarios de Adam. En estos textos incluye Amin Maalouf (ver Aceprensa, 14-06-2010) muchas de las ideas que viene repitiendo tanto en su obra literaria (en la que destacan títulos como León el Africano y La roca de Tanios) como en la ensayística, de manera especial en Identidades asesinas, aunque en esta ocasión se acentúa el ingrediente biográfico.

Además de las cuestiones étnicas, políticas e históricas, tiene un lugar importante en estas reflexiones la religión, vista unas veces con un gran respeto y otras con una actitud distante y crítica, pues el protagonista considera que gran parte de los problemas de su país están vinculados a una exagerada presencia de la religión, reducida en ocasiones exclusivamente a sus manifestaciones sociológicas y hasta políticas.

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