Los Alucinados

Francisco Umbral

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La Esfera. Madrid (2001). 196 págs. 2.300 ptas.

Forman este libro los artículos publicados en el suplemento “El Cultural”, del diario El Mundo, entre octubre de 1999 y julio de 2000. En ellos, como dice el subtítulo del libro, Umbral traza “una historia diferente de la literatura”, intención que ya ha abordado en el libro Las palabras de la tribu, o en sus biografías sobre sus autores preferidos: Valle-Inclán, Gómez de la Serna, Lorca… El primer artículo de la serie está dedicado a Rubén Darío, autor con el que se inaugura la literatura en español del siglo XX; el último es para Pere Gimferrer, poeta que rompió los moldes de la poesía española durante la posguerra.

Entre medias de Darío y Gimferrer hay un interesante repaso a la historia de la literatura española del siglo XX, acudiendo a aquellos autores más representativos para Umbral, que no tienen por qué coincidir con los que aparecen en otras historias de la literatura, aunque sí están todos los consagrados: los Machado, Juan Ramón Jiménez, Baroja, Azorín, Valle-Inclán, Ramón Gómez de la Serna, los poetas del 27, Mihura, Buero, Cela, Delibes… hasta un total de 43 artículos.

En pocas páginas, Umbral sintetiza sus opiniones sobre los autores seleccionados. A muchos los ha tratado, a todos los ha leído. Sus semblanzas poco tienen que ver con el discurso filológico o la crítica académica, pero no por eso sus opiniones son superficiales o livianas. Los juicios de Umbral están apoyados en las intuiciones de un excelente crítico que además es escritor.

Por la influencia que algunos autores han tenido en su propia literatura, hay artículos muy conseguidos. Cuando habla del periodista César González Ruano, su maestro, Umbral recuerda uno de sus consejos: “En una columna sólo cabe una idea, Umbral. No se le ocurra mezclarla con otra, y menos si son de distintas familias. El artículo es una morcilla que tiene que estar bien atada por el principio y el final. Por en medio mete usted lo que quiera”. Su intenso trato con Miguel Mihura, Luis Rosales, José María Pemán y Agustín de Foxá le permite aportar detalles humanos y muy novedosos, que subrayan el conocimiento que tiene de su literatura.

No hay que buscar en estos artículos un pensamiento sistemático o una teoría que justifique sus valoraciones, algunas discutibles y otras posiblemente equivocadas. En esta ocasión lo que se impone es la pasmosa facilidad estilística de Umbral para encontrar imágenes o anécdotas con las que resumir, de manera muy acertada, unos rasgos o toda una literatura. Una vez más, prevalece la obsesión por el estilo, la íntima relación que Umbral tiene con las palabras.

Adolfo Torrecilla