Lord Jim

Mondadori. Barcelona (2007). 447 págs. 22 €. Traducción: Verónica Canales.

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El pasado diciembre de 2007 se cumplieron 150 años del nacimiento de Joseph Conrad (1857-1924), escritor nacido en territorio polaco ocupado por la Rusia zarista, de la que huyó refugiándose en la marina británica. Con el corazón dividido entre Polonia, el mar y la literatura, Conrad llegó a ser un escritor muy apreciado en Inglaterra. Sus novelas fueron el puente que unió la densidad de la novela decimonónica con la psicología de la novela moderna. La editorial Mondadori, con motivo del aniversario del escritor, se suma a las publicaciones en honor del polaco con la reedición de una de sus principales novelas, Lord Jim. Sobre la vida del escritor ha aparecido también recientemente la biografía de John Stape, Las vidas de Joseph Conrad (ver Aceprensa 12 de diciembre de 2007).

Tan sólo un año después de publicar la rompedora y psicológica El corazón de las tinieblas (1899), en la que el escritor exploró las oscuridades de la mente humana turbada por el aislamiento, Conrad alumbró Lord Jim. En ella asistimos a la tragedia de Jim, un joven marinero que toda su vida soñó con convertirse en un héroe, pero que, debido a un momento de debilidad, será culpable ante los ojos de la sociedad civilizada de un acto de cobardía. Esto le llevará a refugiarse en una remota isla de Indonesia donde no conocen su culpabilidad y en un principio logra rehacer su vida. Sin embargo, su intento por redimirse y convertirse en el héroe que siempre soñó se verá truncado por el reencuentro con la culpa que nunca llegó a expiar.

La novela está escrita con un estilo que, a primera vista, no es especialmente sencillo para un lector poco acostumbrado a la novela psicológica, si bien tampoco se pierde en las profundidades de El corazón de las tinieblas. Se trata de un libro dialógico, donde las conversaciones entre personajes tienen una especial importancia y ayudan a conocer a los protagonistas -de hecho, la historia la oímos de boca de un marinero, el capitán Marlow, que conoció a Jim de cerca-, lo que configura unos personajes repletos de matices. La novela deja ver también el pesimismo típico de Joseph Conrad, que en sus novelas no es capaz de encontrar una explicación a la culpa, lo que indefectiblemente le llevará a la muerte como única posibilidad de salvación.

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