Llámame Brooklyn

Eduardo Lago

GÉNERO

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Destino. Barcelona (2006). 398 págs. 19,50 €.

“Llámame Brooklyn”, Premio Nadal 2006, es la primera novela de Eduardo Lago (Madrid, 1954). Lago lleva veinte años viviendo en Nueva York, circunstancia que se refleja en una novela que contiene ingredientes propios de las literaturas española y norteamericana.

La novela comienza cuando el narrador, Néstor Oliver-Chapman, un periodista de Nueva York, da por concluida la tarea que le encomendó su amigo Gal Ackerman antes de morir: culminar la redacción de una novela cuyo título sería Brooklyn. Néstor ha llevado a cabo una labor ardua, pues Gal dejó escritos textos de todo tipo sin que en ellos se descubra, aparentemente, ningún hilo conductor. Néstor acaba dedicándose a esta tarea en cuerpo y alma, “metido en la piel de Gal, prisionero en un mundo que había creado él, leyendo cartas, diarios, cuadernos, borradores de cuentos, seleccionando papeles, destruyéndolos”.

El resultado no es la novela que estamos leyendo, “Llámame Brooklyn”, pues aquí, aunque se reproducen muchos pasajes, se incluye también la propia peripecia personal de Néstor. La novela no tiene una estructura lineal y alterna textos escritos por Gal y otros escritos por Néstor. La novela avanza a golpe de fragmentos inconexos pero que, lentamente, reconstruyen la biografía de Gal y, también, la relación de Néstor tanto con Gal como con el resto de los personajes que aparecen en una novela caleidoscópica.

Varios son los ejes narrativos. Por un lado, la biografía de Gal Ackerman, especialmente sus orígenes familiares. Hay partes de la novela que transcurren en Madrid, a donde acude Gal para reencontrarse con su desconocido pasado. Otro eje narrativo tiene que ver con el bar Oakland, centro neurálgico de un grupo de personajes unidos por la misma sensación de fracaso vital. Estos personajes secundarios pasan en determinados momentos a un primer plano. Gal forma también parte de ese coro de personajes fracasados, pues su dedicación a la escritura apenas le ha reportado beneficios. Asume su condición de escritor maldito, alcoholizado, descreído, un tanto cínico, pero enfermizamente vinculado a la literatura. En su personal descenso a los infiernos, no falta una excursión a los bajos fondos y el encuentro con una prostituta, relatado de manera descarnada.

Pero en la biografía de Gal hay una relación que marcará su vida: su pasión por Nadia Orlov, joven de origen siberiano con la que vivió una apasionada historia de amor. Esta pasión amorosa es la que da sentido a los textos que escribe y la que de alguna manera explica la novela.

“Llámame Brooklyn” se acaba convirtiendo en un cajón de sastre donde cabe todo y donde se rompe, de manera deliberada, con la estructura tradicional. Hay muchos momentos francamente interesantes, aunque una de las debilidades de la novela es su intermitente calidad y tensión, pues quizás el autor debería haber sido más selectivo. También se aprecia un desmedido empeño por hacer pasar estos personajes como excepcionales ejemplos literarios, lo que tiñe la narración de la manida aureola de la épica de los perdedores. Sin embargo, a pesar de su irregularidad, de su complejidad y de que retrata un mundo moral ambiguo y escéptico, el Premio Nadal 2006 consigue interesar. Conviene advertir que su deslavazada estructura puede echar para atrás a aquellos lectores que busquen novelas lineales. Eduardo Lago ha escrito una novela compleja y ambiciosa.

Adolfo Torrecilla