Literati

TÍTULO ORIGINALThe first verse

GÉNERO

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Destino. Barcelona (2006). 352 págs. 20 €. Traducción: Luis Nacenta.

Barry McCrea (Dublín, 1974) es licenciado en literatura francesa y española en el Trinity College, doctor en literatura comparada por Princeton y profesor de esa disciplina en Yale. Con semejante trayectoria académica, uno esperaría mayor ambición estética de su “opera prima”; pero Literati es una novela que persigue de intento una adscripción de género concreta, complaciente y bastante lucrativa, por cierto. Se trata de una hábil fusión de dos géneros novelísticos tan definidos como la novela “de campus” y la trama esotérica, tomando como catalizador el recurso de la “secta literaria”, que ciertamente eleva el tono estético del discurso y que tan buenos resultados dio con “El club Dante”. “Literati” se inscribe por tanto en la posmoderna línea del “best-seller” culto, no tan elaborado como “El nombre de la rosa” ni tan burdo como los productos de Dan Brown.

El protagonista, Niall Lenihan, ingresa en el Trinity College de Dublín para empezar sus estudios de literatura. Pronto se integra en un grato y festivo ambiente universitario, con su rutina de clases, pandillas de amigos y fiestas. Pero toma contacto con una extraña pareja de estudiantes que le revelarán un intrigante culto literario cuya iniciación no tarda en derivar de la mera curiosidad y el juego a una forma de adicción misteriosa y destructiva.

Hay que reconocerle originalidad y brillantez al “leitmotiv” en cuestión ideado por McCrea para mantener la intriga: la vieja práctica romana de los “sortes” que suele citarse como motivo de la conversión de San Agustín y que consiste en formular una pregunta en voz alta y elegir un fragmento al azar de un libro al azar para obtener una respuesta tan adecuada como críptica. Evidentemente, la cooperación entre una imaginación sugestionada, ciertas dotes interpretativas y una muy flexible lectura alegórica de los textos, da como resultado la sublimación de cualquier coincidencia en oráculo infalible. Alguien con formación en Teoría de la Literatura como McBrea conoce las corrientes relativistas y deconstruccionistas de finales del siglo XX que postulan la plurivocidad irreductible de los textos o, directamente, la imposibilidad crítica de establecer ningún sentido objetivo. Esto puede estar implícito, aunque no se trata de una novela de tesis precisamente.

Pero no sólo en este leve barniz teórico aparece el autor como un leal posmoderno. La impresión que causa “Literati” es la de una novela correcta: comercial, política y literariamente. Comercialmente, como es obvio, por el consolidado nicho editorial que ocupan los libros de su género; políticamente, entre otras razones, porque Niall, que es gay, se comporta en muchas partes de la novela con una promiscuidad que el autor exhibe despreocupadamente como garantía de un Dublín correctamente progresado, si bien no carga la mano en las descripciones; literariamente porque, pese a todo, la prosa es funcional y precisa, el ritmo está bien dosificado, la estructura argumental resulta convincente -salvo el cierre, quizá insuficiente- y los personajes poseen una prestancia psicológica bien trabajada. Claro que “corrección”, con no ser poco en estos tiempos, está muy lejos de ser “excelencia” o siquiera “provecho”.

Jorge Bustos Táuler

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