Lecturas de mí mismo

Mondadori. Barcelona (2008). 312 págs. 20,90 €. Traducción: Jordi Fibla.

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Si hay algo que un escritor tan serio como Philip Roth se toma muy en serio es la literatura y, en particular, su propio trabajo. Es un buen escritor, es importante, se ha hablado mucho de él, la fama y el escándalo le llegaron muy pronto… y por eso lleva muchos años explicándose a sí mismo y a su obra. Esta recopilación es una prueba. Muchas cosas eran conocidas por Los hechos. Autobiografía de un novelista y por El oficio: un escritor, sus colegas y sus obras, pero sin duda este trabajo arroja nueva luz sobre una figura contemporánea clave.

En la primera parte del libro se recogen varias entrevistas realizadas entre 1969 (tras El Lamento de Portnoy) y 1985 (tras la trilogía de Zuckerman). Se analiza la obsesión sexual, muy presente en su obra, particularmente en sus primeros libros. Justifica cómo la familia, la educación, la religión y la política son para él las fuerzas coercitivas por excelencia, canales del poder y sometimiento, otro tema clave recurrente en sus libros. Una y otra vez sale la cuestión de su condición judía. Roth explica que se guía por el gusto y el tacto literarios, y que no piensa en un público de determinada educación, tendencias políticas o religiosas y que hay que leer sus libros como obras de ficción.

Asume una vigorosa defensa de su libertad de artista, muy alejada del sombrío determinismo que le han achacado algunos críticos. Concibe el arte como algo desligado del mundo de los principios y las creencias. No es un intento de garantizar que nuestros sentimientos son correctos sino algo muy alejado de la categorización moral y la educación emocional. Es liberación, búsqueda de experiencias que en la vida real no son accesibles, aconsejables o necesarias. Es lo que llama “expansión de la conciencia moral y exploración de la fantasía moral”.

Roth es vehemente y profundo en sus respuestas, rico hasta el agotamiento en sus conexiones mentales y tremendamente erudito en cuanto a autores y libros; no es fácil estar a la altura de su inteligencia. Analiza los puntos presentes en sus libros: los monólogos psicoanalíticos, las sátiras políticas, el humor, la cólera moral, los comportamientos humanos llevados a situaciones extremas. Sale al paso de las acusaciones de supuesto odio a las mujeres y antisemitismo. Algunas preguntas se repiten de unas entrevistas a otras e, inevitablemente, eso ocurre con las respuestas. En la segunda parte se incluyen varios artículos sobre distintos temas: las bibliotecas públicas, la literatura americana, el béisbol, Camboya. Muy presentes siempre Bellow, Mailer, Malamud y, sobre todo, Kafka.

Si en América hay escritores “rostro pálido”, representantes de una cultura delgada, solemne y semiclerical, de exquisita atmósfera moral, remilgados, snobs y pedantes, como Henry James o T.S. Eliot, y “pieles rojas” del mundo de los bajos fondos de las fronteras y grandes ciudades, más emocionales y espontáneos, que dan expresión a la vitalidad y aspiraciones reales de la gente, como Twain, Whitman o Thomas Wolfe, Roth se sitúa a caballo de ambos grupos, con una autoconciencia de su superioridad que no consigue disimular.