Las semillas de la violencia

Luis Rojas Marcos

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Espasa Calpe. Madrid (1995). 221 págs. 1.900 pts.

Esta obra, que obtuvo el premio Espasa Ensayo 1995, figura actualmente entre los libros más vendidos en España. Lo que puede demostrar dos cosas. La primera, que el tema de la violencia interesa. La segunda que, junto al indudable prestigio profesional del autor, el apoyo de los medios de comunicación resulta imprescindible si se quiere llegar al gran público no especializado.

Luis Rojas Marcos ha dirigido el Departamento de Salud Mental de la ciudad de Nueva York y lleva más de 20 años trabajando en el campo de la salud pública de dicha ciudad. Esta experiencia, según él mismo declara, no le ha hecho caer ni en la indiferencia ni en el cinismo. Y quizá sea su mensaje de esperanza el que más certeramente conecte con el lector. Otra virtud indudable del libro es su lenguaje claro, lejos de análisis simbólicos que tantas veces utilizan los expertos y que desvían el problema de la violencia sin aportar soluciones.

Las semillas de la violencia es un libro fácil y cercano, fundamentalmente descriptivo de la violencia en los países occidentales y en concreto en los grandes núcleos urbanos. El autor presta una especial atención a la familia, tanto en lo que respecta a la violencia doméstica como por su indudable protagonismo en las estrategias de prevención que Rojas Marcos dibuja en un tono bastante genérico. También es destacable el análisis dedicado a la “fascinación por las atrocidades” en los medios de comunicación. El suicidio, la pena de muerte y la violación son otros aspectos que el autor trata con acierto. Resulta interesante su visión sobre la droga y las enfermedades mentales en relación con la violencia. El libro es, pese al tema, fundamentalmente optimista y bienintencionado. Sin embargo, algunas de sus apreciaciones sobre las raíces culturales de la violencia son inexactas o, al menos, matizables, y existen omisiones serias. Así, es chocante que -de pasada- preste crédito a peregrinas teorías que consideran la devoción a la Pasión de Jesucristo como un “ejemplo paradigmático de la profunda atracción por las imágenes de violencia”, cuando es justo lo contrario. De igual modo, Rojas Marcos se resiste a considerar que la inestabilidad familiar dificulta notablemente la creación de esos hogares que él propone como educadores en la paz, la compasión y la comprensión. También su insistencia, por lo demás valiente y justa, en la mejora de la posición social tanto de los niños como de las mujeres en Occidente, se fundamenta a veces en una visión unívoca e idílica sobre los beneficios de la planificación familiar y la liberación sexual. Resulta sorprendente no sólo su opinión sobre la pornografía, sino sobre todo la total omisión de una de las manifestaciones de violencia más graves de nuestra sociedad actual: el aborto.

Aurora Pimentel