Las señoritas de Wilko

TÍTULO ORIGINALPanny z Wilka

GÉNERO

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Cátedra. Madrid (1993). 143 págs. 1.100 ptas.

Este relato, de unas 90 páginas -precedido por un nítido estudio introductorio sobre el autor y su obra-, es un bellísimo, nostálgico, triste y sutil canto a un amor que ya no está. Narración de “contornos claros y, sin embargo, tan temblorosos e inalcanzables como el paisaje escondido tras el aire vibrante en un día de canícula”, utilizando palabras del propio autor que nos sitúan en un ámbito literario polaco de las primeras décadas del siglo, rico en experiencias, denominado Joven Polonia.

Jaroslav Iwaszkiewicz, nacido en Ucrania en 1894, es una gloria de literatura polaca, y Las señoritas de Wilko la obra más significativa en prosa, que con más de treinta ediciones se ha traducido a todos los idiomas europeos principales. Con una extensa creación poética y dramática, Iwaszkiewicz fue profesor universitario, fundador de revistas, diputado de la Dieta y presidente de la Unión de Literatos Polacos. Hijo de una familia ucraniana de terratenientes que fue desposeída de sus propiedades y deportada por colaborar en el levantamiento de 1863 contra el imperialismo zarista, el autor de este libro estudia en la Universidad de Kiev y se sabe rodear de un rico ambiente artístico. Por dificultades económicas se vio motivado a trabajar durante los veranos como preceptor en familias de terratenientes locales, lo que le permitió vivir los últimos y románticos pasos de la burguesía señorial de aquella tierra.

Precisamente así es Wilko, una rica hacienda polaca que en verano se llena de encanto por su hermoso paisaje, el acariciador discurrir de las horas, las madrugadas y los atardeceres; y, sobre todo, por la alegre y bulliciosa vida social que protagonizan las señoritas de la casa que despiertan tanta sensualidad, porque hasta “el piso superior olía ahora a reseda y a agua de colonia, a ropa recién lavada, a sábanas, a polvos de tocador, a mujer, en una palabra…”. Señoritas que vuelven a centrar los sentimientos y la memoria del protagonista, Wiktor, quien, a sus casi cuarenta años, no consigue apenas sino contemplar cómo, desde su soltería, el tiempo pasado, y lleno de perspectivas de amor, es irrecuperable.

Se trata, pues de un relato intenso, lleno de lirismo, que traduce con un lenguaje sencillo una gran riqueza de sensibilidad, un claro sentido de visión del mundo determinado por el ineludible transcurrir del tiempo que ya fue y de la existencia que pudo haber sido.

Ángel García Prieto