Las edades del frío

Rafael Guillén

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Tusquets. Barcelona (2002). 144 págs. 11 €.

A Rafael Guillén (Granada, 1933), que desarrolló su principal actividad literaria en las décadas de los cincuenta y sesenta, se le ha adscrito a la llamada Generación del 50, junto con Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral, Ángel González, Claudio Rodríguez, Francisco Brines, etc. Con ellos comparte ciertos presupuestos comunes, como la preocupación existencial por el hombre, el inconformismo y un cierto escepticismo que los alejan de los planteamientos más reivindicativos de la poesía social. La poesía de Rafael Guillén es una poesía de la experiencia personal, que recupera temas íntimos como el amor o el fluir del tiempo. Entre sus obras cabe destacar Los vientos (1970), Mis amados odres viejos (1987) y Los estados transparentes (edición ampliada y revisada en 1998), merecedor del Premio Nacional de Literatura.

Las edades del frío completa la trilogía iniciada con Límites y Los estados transparentes. La obra se inicia con un preludio en prosa, que sintetiza el devenir del hombre desde la Edad de Piedra hasta nuestros días, en que se ha instaurado “el reinado de la incertidumbre (…); el hombre pierde de nuevo pie, y ya para siempre, empieza la otra soledad, regresan las edades del frío”. Luego se da paso a cuatro secciones donde el poeta intercala poemas de amor y desamor, poemas que hablan de negaciones y de recuerdos, de experiencias dolidas que comparten emociones con encuentros más gozosos.

La poesía de Rafael Guillén indaga en el misterio de la existencia humana; presenta cavilaciones acerca del desasosiego, la incertidumbre, y la desorientación del poeta -metáfora del hombre contemporáneo- ante el universo y sus vaivenes, ante el avance de la técnica y ante el paso del tiempo.

“Amo la aventura / de las palabras. No soy yo; son ellas / las que me eligen y utilizan / para expresarse. Yo, a lo más, habito / su jungla, me abro paso por lo umbrío de su maleza”. Con estos versos desliza Rafael Guillén su declaración poética en este poemario, que armoniza la sencillez con imágenes profundas. Esencialidad y hondura; emoción y misterio. Poesía que rescata de los huecos de la memoria una reflexión acerca de la vida. Poesía, siempre, cargada de emoción.

Begoña Lozano