Las dos señoras Abbott

Alba.

Barcelona (2014).

342 págs.

21 €.

(papel) / 9,50 €.

(digital).

Traducción: Concha Cardeñoso.

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D.E. Stevenson publicó en 1934 El libro de la señorita Buncle, al que siguieron dos continuaciones: El matrimonio de la señorita Buncle (1936) y Las dos señoras Abbott (1943), editado ahora en castellano. Muchos de los personajes son ya conocidos por los lectores de los dos primeros títulos: Barbara –una escritora casada con su editor, Arthur–, Jerry –felizmente casada con Sam, sobrino de Arthur– y Archie, hermano de Jerry.

Los efectos de la II Guerra Mundial se hacen sentir en Wandlebury: los alimentos están racionados, la mayoría de los varones pelean en los frentes de guerra y hay familias desplazadas por el conflicto. Jerry, que ha contratado a una antigua profesora suya, Markie, para que le ayude con las labores de la casa mientras su marido se encuentra luchando en África, aloja a un grupo de soldados. Alquila una pequeña cabaña al coronel Melton, oficial al mando del regimiento, quien la pone a disposición de su hija Melanie. Jerry ve una oportunidad de casar a su hermano con ella, pero no cuenta con la entrada en escena de alguien más que se alojará en su casa. La autora se centra en las relaciones que se establecen entre ellos y en un puñado de entrañables personajes secundarios.

Otro tema que constituye una constante en la saga son las influencias recíprocas entre la literatura y la vida. Al pueblo llega la escritora romántica Janneta Walters para pronunciar una conferencia. De un modo accidentado, Janetta descubrirá que escribe mal “porque sus libros no tratan sobre personas reales”. Esto le hará dar un giro en su vida, con sorpresa final incluida. Quizá esta figura sea el contrapunto de la propia Stevenson. Como ella misma dice en boca del narrador: “Hasta la gente menos interesante tiene su historia”. Stevenson cuenta la historia de un grupo de personas normales, reales, en circunstancias extraordinarias. Y lo hace sacando todo el brillo literario posible a unas vidas aparentemente anodinas. La clave de la felicidad reside para Stevenson en la bondad. Los personajes son cordiales, sencillos, los motivos de sus decisiones son nobles y les gusta trabajar, como a Markie, para que las personas sean mejores.

Stevenson domina el estilo indirecto libre y da paso de manera muy natural a las perspectivas y sentimientos de los personajes, que perfila con mucha habilidad a lo largo de la novela.

Las dos señoras Abbott supone un buen cierre al ciclo de novelas sobre la familia Abbott y los simpáticos habitantes de Wandlebury. Su lectura no defraudará a los lectores familiarizados con las otras obras de la autora.

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