Las doce sillas

El Acantilado.
Barcelona (1999).
533 págs.
3.800 ptas.
Traducción: Helena Diana Moradell.

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Novela humorística que satiriza la situación de la URSS entre los años 1923 y 1929, en los que estuvo vigente la Nueva Política Económica. Ha gozado entre los rusos de constante popularidad desde su publicación en 1928.

El argumento -que quizá conozca el lector gracias a la adaptación cinematográfica de Mel Brooks- es sencillo: un pícaro y un noble arruinado buscan por la inmensidad rusa una silla de comedor, de un juego de doce, cuyo interior contiene los diamantes que la aristocrática suegra escondió para salvarlos de las expropiaciones revolucionarias. La localización de esa silla llevará a los protagonistas a cruzarse con un amplio muestrario de tipos risibles que han medrado a la sombra del experimento bolchevique: burócratas corruptos, incompetentes funcionarios, popes avariciosos, periodistas aduladores, alcaldes palurdos, obsequiosos nepmeni (los efímeros capitalistas de antes del Primer Plan Quinquenal), criptozaristas nostálgicos, y una amplia taxonomía de oportunistas.

En medio de esa fauna, la desvergüenza de Ostap Bender se convierte en la herramienta eficaz para salir de apuros o, por lo menos, para sobrevivir, ¡que no es poco! La lógica del disparate se abre camino en una sociedad que -estamos ante una obra humorística- parece estar formada exclusivamente por paletos y arribistas.

Los lectores disfrutarán con esta obra rara y popular, escrita al alimón por los novelistas Iliá Arnoldovich Fanzilberg (Ilf) y Evgeni Petrovich Katáev (Petrov). En su momento fueron considerados los mejores herederos de Anton Chejov.

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