Las buenas personas

Alfaguara.

Madrid (2013).

543 págs.

19,50 €.

Traducción: Ana María Bejarano.

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Una versión de esta reseña se publicó en el servicio impreso 7/14

Nir Baram es un israelí de 37 años, nacido en Jerusalén, hijo y nieto de hombres que han sido ministros en gobiernos laboristas. En 1998, a los 22 años, publicó su primera novela, Purple Love Story. Desde entonces ha sacado cuatro más. Las buenas personas es de 2010.

Lo primero: es una potente novela de 543 páginas, lenta, detallista, reflexiva… y apasionante. Transcurre entre 1938 y 1941, cuando nazis y soviéticos pactan para repartirse Polonia, Alemania invade Polonia y empieza la II Guerra Mundial. La novela termina cuando los nazis han roto el pacto y empieza el ataque en el frente oriental que sería su perdición.

Son dos historias paralelas: en Alemania, el oficial nazi Thomas; en Rusia, Sacha, diminutivo de Aleksandra, judía, comunista, que no duda en sacrificar a sus padres en aras de su pureza ideológica. En medio, todas las intrigas de la maquinaria nazi y de la maquinaria soviética, un detallado panorama de aquellos años cruciales.

Nir Baram debe de haberse dado cuenta de que la literatura judía en la que se pormenorizan los horrores cometidos contra este pueblo ya llega a cansar. La tragedia es de sobra conocida. Es más inteligente el tratamiento de Baram: tanto en la primera historia como en la segunda, los atentados contra los judíos, y contra otros pueblos, no se detallan, quedan como telón de fondo. Sacha solo es admitida como judía en tanto en cuanto sea una fiel comunista. Los judíos que no lo son no pueden esperar más que persecución y expolio.

En los últimos capítulos, los dos personajes, Thomas y Sacha, se encuentran y la novela adquiera una nueva dimensión, trágica. Hay ecos de la narrativa alemana (Thomas Mann, por ejemplo) y de la rusa (Tolstói). Pero la voz de Nir Baram es personal y convincente.