La vida dura

Nórdica. Madrid (2009). 208 págs. 16,50 €. Traducción: Iury Lech.

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El irlandés Flann O’Brien (seudónimo de Brian O’Nolan, 1911-1966) es uno de los grandes literatos que la genial isla alumbró entre finales del XIX y principios del XX. Trabajó para la administración pública buena parte de su vida, llegando a desempeñar altos cargos e incluso fue secretario de varios ministros. Pero su pasión era la literatura, y como no dependía de ella para vivir, dio rienda suelta a su singularísimo talento en libros como En Nadar-Dos-Pájaros, El tercer policía (ver Aceprensa 17-01-2007) Crónica de Dalkey (ver Aceprensa 26-09-2007) o La boca pobre (ver Aceprensa 23-05-2008), conformando un estilo cómico inconfundible, admirado por Greene, Beckett y Joyce.

La vida dura no es su mejor obra, no le salió redonda como las mencionadas, pero reúne todos los elementos de la fórmula O’Brien: tramas disparatadas, personajes grotescos, mezcla del lenguaje científico con el habla vulgar, pedantería deliberada; en definitiva, una narrativa del absurdo, imprevisible y bien humorada, pero sin la gravedad nihilista de Beckett.

Glosar el argumento de esta novela -un borrachín irlandés, Collopy, con vocación subversiva que acude a una audiencia con el Papa Pío X buscando su respaldo- no tiene mucho sentido. Tampoco sus personajes permiten la identificación del lector u ofrecen lecciones de vida. Puede parecer fácil hacer literatura del absurdo, desligarse de normas de verosimilitud o estructura, pero ceñirse a la única norma del absurdo (desarmar al lector más avezado) sin caer en el efectismo sólo sale de forma natural cuando se posee el don de la sátira, como Bulgakov, Twain, Swift, Sterne, etcétera.

En La vida dura hay conversaciones delirantes entre un jesuita y Collopy, en las que éste ataca a la Compañía mientras beben cortésmente whisky en el salón. En el anticlericalismo del devoto Collopy hay tanto de tributo como de sátira, y no puede tomarse en serio. Por otro lado, vemos al sobrino de Collopy, que ha montado una universidad por correspondencia desde la que imparte cursos como Acrobacia y Equilibrismo sobre el Alambre o Taumaturgia Aplicada.

¿Cuál es el valor de esta obra de O´Brien? La pura inventiva, la vis cómica transportada por el estilo más refinado, la convicción de que el humor es el lenitivo indispensable en medio de acuciantes problemas sociales, de una gris convivencia familiar y hasta de las disquisiciones teológicas más enconadas.

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