La teoría del todo. El origen y el destino del universo

Debate. Barcelona (2007). 151 págs. 14,9 €. Traducción: Javier García Sanz.

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Stephen Hawking (Oxford, 1942) es uno de los físicos teóricos más populares, tanto por su obra de divulgación científica como por la enfermedad que tanto le limita físicamente, pero que hace que aún destaquen más sus portentosas facultades. En La teoría del todo, Hawking nos pone por escrito, en un lenguaje sencillo y ameno, varios de los temas fundamentales de la cosmología actual.

En el primer capítulo explica las ideas clásicas sobre la estructura del universo, así como el itinerario intelectual que ha llevado hasta nuestra actual concepción del universo. En el capítulo segundo aborda el estudio de la teoría de la gravedad de Newton y Einstein, concluyendo que es imposible que el universo sea estático. Pero ¿qué tipo de dinamismo tiene? ¿El propio de una contracción o el de una expansión? El tercer capítulo se centra en el análisis de los agujeros negros. Un agujero negro se produce cuando una estrella supermasiva, tras colapsar sobre sí misma, da lugar a una región del espacio-tiempo donde la densidad es tan grande que la gravedad supera la velocidad de escape de cualquier partícula, incluida la luz, impidiendo que nada pueda salir del campo gravitatorio de esa estrella. Hawking señala que los agujeros negros no son tan negros como se suele pintarlos y recurre a sus estudios de más de tres décadas sobre mécanica cuántica y a la posibilidad de un escape de partículas que nos transmita información sobre ellos. De ahí pasa, en el capítulo quinto, a la extrapolación de estas ideas al mismo momento del Big Bang; adviértase la precisión: se trata de ideas y no de leyes, porque no hay ley física alguna aplicable a ese instante de densidades y energías infinitas contenidas en un volumen cero, aunque Hawking insiste en que su teoría de la gravedad cuántica no está sujeta a estas limitaciones.

Las conclusiones a las que llega el físico inglés es que el universo es espacialmente finito pero sin bordes en el tiempo, y con cinco dimensiones. Lo que permitiría explicar, en el capítulo sexto, por qué el pasado es tan diferente del futuro incluso manteniendo la simetría de las leyes físicas. El libro se cierra dando un vistazo al intento de unificar las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza en una teoría del todo.

La conclusión que extrae Hawking de su teoría de la gravedad cuántica es que Dios es una hipótesis superflua, pues el universo estaría autocontenido sin que nada externo a él pudiera afectarle, de modo que no habría habido creación, simplemente sería eterno. Aunque el propio Hawking advierte que “esta idea es tan sólo una propuesta”, cabría recordar que la eternidad del universo no es objeción a la creación por parte de Dios. Pues la creación es la donación del ser al ente contingente y el universo, pese a su eternidad, continuaría siendo contingente y por ello reclamando la existencia de una causa absoluta y trascendente -esto es, de Dios- que fuera el fundamento último de su ser.

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