La rubia de ojos negros

Alfaguara.

Madrid (2014).

336 págs.

18 €.

Traducción: Nuria Barrios.

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Una versión de esta reseña se publicó en el servicio impreso 39/14

Quienes hayan disfrutado con las historias del detective Marlowe, escritas por Raymond Chandler (1888-1959), como El sueño eterno, El largo adiós, La hermana pequeña… sin duda millones en todo el mundo, revivirán ese disfrute con La rubia de ojos negros, de Benjamin Black, pseudónimo de John Banville.

Banville es un irlandés de 69 años que utiliza precisamente el nombre de Benjamin Black para sus novelas negras, todas interesantes. Fueron los herederos de Chandler los que invitaron a Banville a recrear una nueva aventura de Marlowe. Y Banville, uno de los mejores narradores de hoy, ha hecho no un pastiche, no una imitación, sino algo original que sigue siendo a la vez el espíritu de Marlowe y delata su compleja y divertida psicología.

Hoy se ha renovado el gusto por la novela negra, hartos quizá lectores y lectoras de narrativas intrincadas y autorreferenciales que no contaban nada. En la novela negra actual hay autores muy buenos (por citar solo a uno, el sueco Henning Mankell), pero Benjamin Black logra superarlos a todos porque es a la vez sencillo y enjundioso, irónico y serio, sin grandes tragedias y con una creciente intriga.

No doy detalles de la trama porque en la novela negra hay que entrar sin información alguna, para ser sorprendidos. Solo puedo asegurar que nunca defrauda. Esa rubia de ojos negros es tan compleja, cambiante, caprichosa, insensata y deslumbrante como las clásicas heroínas de Marlowe.

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